Hernán Dobry

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24 diciembre, 2021

“Agradezco a la política haberme dado el aprendizaje de lo que es la filosofía y los derechos humanos”

Norma Morandini ha vuelto a sus orígenes de cronista. Tras haber abandonado la política, luego de cumplido su mandato como senadora nacional, se ha dedicado a escribir un nuevo libro en el busca imaginar cómo fue la vida de sus hermanos mientras estuvieron secuestrados en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA).

Hernán Dobry (HD): El expresidente uruguayo, Julio María Sanguinetti, decía que ante todo se considera periodista y que extraña el olor a tinta de las redacciones. En tu caso ¿cómo te definirías?
Norma Morandini (NM):
Soy columnista y escritora. Cuando me dicen que soy política, hago bromas y digo que eso no es una profesión, es servicio. Tengo vocación pública, creo que todos los periodistas auténticos tenemos esa vocación y por eso hacemos periodismo. Me siento una cronista desde muy jovencita, el paisaje que me atrae es el humano. Siempre estoy observando, tengo además una compasión por lo humano, es lo que más me atrae y lo que miro. Participé en política, pero hay que trabajar mucho el concepto de que la política no es profesión, profesión es lo que uno estudia, en lo que se forma y adquiere como ejercicio. La política es un servicio y sobre todo no puede ser una perpetuación. La democracia es la alternancia del poder, cada cuatro años las cámaras tienen que vaciarse para que el poder lo llene la ciudadanía que vota. Entre nosotros, desgraciadamente, se confunde mucho el estado y el poder con el gobierno y, en realidad, en la democracia, quien debería tener el poder es la ciudadanía. No es solo el acto de votar, que es como legitimamos a quienes toman decisiones, sino para poder participar. La democracia es participación, es respeto a los derechos del ciudadano. Los derechos humanos protegen a la ciudadanía de la prepotencia del estado. Me siento una cronista y cuando fui a la política no fui una periodista que se disfrazó de legisladora. La verdad es que aprendí mucho y hoy puedo contar la experiencia que fue haber pasado por la política.

HD: ¿Te costó hacer ese salto?
NM:
Al inicio, siempre dije que no y la verdad que me agarró Luis Juez. Él había sido fiscal anticorrupción y, cuando empezó a denunciar la corrupción, lo echaron. Estaba en Lisboa, me exilié en Portugal, y él me llamó, a quién yo no conocía, para ser candidata. Siempre había dicho no y esta vez dije: “¿Y por qué no?”. Estaba llena de prejuicios, se sigue viendo a la política como algo sucio, esto se lo debemos al autoritarismo. Las dictaduras siempre interrumpen los procesos con un justificativo, decían que la política era sucia y ellos venían a salvarnos y eso necesita la aceptación de parte de la sociedad. Tenía muchos prejuicios y los fui eliminando: tengo muchas críticas a los políticos y no a la política, porque sin política no hay democracia. Por eso, insisto en que la política tiene que ser servicio, no puede ser nunca una profesión.

HD: ¿Qué opinó tu familia en el momento en el que decidiste cambiar y meterte en política?
NM:
Esa fue una de las razones que me dije a mí misma: ¿cómo me puedo negar a participar cuando las dictaduras hacen un cadáver de la política precisamente? Si mi familia ha marcado una ausencia de la política por el autoritarismo ¿por qué voy a decir que no? Participé democráticamente, empecé en 2006, y me ayudó que ya tenía una edad en la que tenía domesticado el ego y la vanidad, porque la política es un lugar de enorme exposición pública. Tenés que aprender a convivir con aquellos, no perderte en las adulaciones de los aplausos para que después tampoco te afecten las críticas de quienes te critican. Volviendo a lo que me preguntabas, creo que acerté y me ayudó mucho mi madre. Ella guardaba todo lo que yo escribía y hasta que murió fue mi mejor archivo. Me hacía mucha gracia porque a mi madre no le gustaba cuando yo era pastora, sino cuando me enojaba. Peleo mucho por mí, para ser yo y que no me aplasten los prejuicios, que no me avasallen, pero no tengo una índole de pelear con las personas. Tengo convicciones fuertes, pero no me gusta la pelea, no me gustan las descalificaciones personales. Con Cristina Kirchner (he tenido el azar de que mis hermanos se llamen Nestor y Cristina), no tengo nada en termino de sentimientos, pero todo contra lo que creo que ella encarna. A la tragedia de mis hermanos y mi familia, la vivo como una inmolación para que aprendiéramos el valor de la democracia. Acepté participar para construir democracia, y el parlamento es la mejor escuela de argumentación.

HD: Llegar a esto te llevó un tiempo. En una entrevista, decías: “Tuve que lavar mi cerebro para que el daño que me había hecho la ideología me permitiera ver a las personas en la dimensión sagrada de la vida”…
NM:
Eso te da el dolor. Me da un poco de pudor, detesto ser víctima. Las personas tenemos una dignidad y pasó en mi familia como pudo pasar en cualquier otra. Aprendí que el dolor siempre es más fuerte que la ira, cuando uno ha tocado las aguas del dolor eso te acerca mucho al otro, hacés un conocimiento de vos mismo que te va humanizando. Pertenezco a los años 70’, fijate que autoengaño es la ideología, fuimos capaces de inventarnos una sociedad en base a una fantasía. Lo humano no se puede reducir a si es de derecha o de izquierda, le agradezco a la política haberme dado el aprendizaje de lo que es la filosofía y los derechos humanos. Los derechos humanos nacen de las cenizas del nazismo. La dictadura nos dio una idea de democracia que estamos perdiendo. A los seres humanos, nos define la dignidad, después que cada uno piense como quiera, por eso la democracia es el sistema que nos pone límites. Todos tenemos derecho a pensar, ser de derecha no es un delito, ser de izquierda era un delito y, por eso, mucha gente murió y fue perseguida. La convicción más fuerte es poder contribuir, uno no hace nada solo, es un hecho colectivo, tener un mismo idioma común, el derecho a decir, la libertad de expresión, que nadie sea perseguido por su opinión. Es relevante que uno pueda respetar al otro, no es relevante en una democracia pensar diferente, lo relevante es que pueda ser persuadida por el otro que tiene una idea diferente.

Para revivir la entrevista que le realizó Hernán Dobry a la periodista Norma Morandini en su programa “Voces y memorias”, que se emite por Eco Medios AM 1220 los martes a las 20, haga clic en los banners.


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