Hernán Dobry

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16 octubre, 2020

“Dirigir Boca-River es mucho más fuerte que hacerlo en un Mundial”

“Uno ya está atravesando el segmento de su vida donde debe dedicar un tiempo para el repaso de lo actuado, para programar el futuro y sacar conclusiones respecto de su historia. Uno escribió las páginas de la historia de su vida intentando hacerlo con la mejor caligrafía y ortografía independientemente de que lo haya logrado o no, pero la actitud frente a la responsabilidad siempre fue la misma: de la vocación de servir a la justicia deportiva genuina”, afirma el ex árbitro Javier Castrilli en el programa “Voces y memorias” por Eco Medios AM 1220.
A pesar de que ya han pasado 22 años desde que dirigió su último partido, aún es recordado por los amantes del fútbol por la rectitud sus fallos y lo implacable que era con los jugadores dentro de la cancha, lo que le valió el apodo de “Sheriff”. Así, como se comportaba dentro de un estadio, también se ha manejado a lo largo de su vida.
“Frente a esa adversidad, las reacciones siempre fueron del mismo tenor, a pesar del sufrimiento y de las angustias, los dolores y del dolor psíquico uno siguió enarbolando las banderas de la transparencia, de la honestidad y de la igualdad ante la ley – explica -. Eso es una forma que excede lo estrictamente arbitral y deportivo y compromete su forma de acceder en la vida. A lo largo de todo mi camino, no tengo motivos por qué avergonzarme. Siempre muestro mi historia a mis hijos, por sobre todas las cosas, con mucha satisfacción y mucha luz”.
Su vida ha estado signada por el esfuerzo y el trabajo para progresar, ya que en paralelo al arbitraje siempre debió dedicarse a otras labores para mantener a su familia, ya que el sueldo que le pagaba la Asociación del Fútbol Argentino, apenas le alcanzaba para cubrir sus gastos profesionales, incluso cuando le tocó viajar al Mundial de Francia.
“Jamás viví del arbitraje. Terminé el último partido de mi vida cobrando 500 pesos. Nunca dejé de trabajar y, si lo hice, no fue en forma voluntaria. He perdido trabajos por el fútbol. Manejé un taxi y tuvo ocupaciones más independientes y las vueltas de la vida me llevaron a Ferrocarriles Argentinos, donde durante diez años tenía horarios y turnos rotativos y me permitía cierta facilidad para cubrir los turnos y cambiar los francos”, recuerda.
Si bien la función de ser juez en una cancha de fútbol se transformó en la gran pasión de su vida, lejos estaba de ser la profesión con la que soñaba cuando era chico o cuando ya había terminado la secundaria. Sin embargo, el destino los fue uniendo hasta no separarlos nunca más.
“A mí me gustaba la música. En algún momento, se me ocurrió estudiar, pero después ingresé en la Facultad de Medicina, me puse de novio, mi novia quedó embarazada y me casé a los tiros. La vida te va llevando por un camino que no lo tenías previsto – resalta -. Cuando empecé a estudiar para árbitro mi primera intención era ser periodista deportivo, más precisamente de fútbol. Interpreté que el conocimiento de las reglas del juego eran un lenguaje universal, porque en todo el mundo son las mismas reglas. Era insoslayable aprenderlas para entender de qué se hablaba”.
Pese a que al principio la carrera se la hacía “interminable”, lentamente, se fue metiendo en la profesión que lo acompañaría durante décadas y que lo llevaría a dirigir todas las categorías del fútbol argentino desde Orán, en Salta, hasta Tierra del Fuego, copas Libertadores, eliminatorias, mundiales, entre otras competencias.
“Haber sido árbitro significa haber encontrado en un espacio de realizar aquello que uno tanto había cuestionado y que la varita mágica del destino te toca la cabeza y te dice: ya que hablaste tanto y lo dijiste en las ruedas de amigos o de compañeros de trabajo qué es lo que se tenía que hacer, a ver, vení y hacelo – señala -. De golpe, uno se da cuenta de que todo aquello que sostuvo, lo que sentía y pensaba a través de la palabra tenía que ser en serio. Sentí una bofetada, como si fuera un reto, un destino para demostrar si era capaz de ser coherente, se había una correspondencia entre lo que uno pensaba, sentía y decía y una acción”.
A la hora de dirigir, se tomaba cada partido con la misma seriedad y pasaba el día anterior concentrado, de la misma forma que lo hacen los futbolistas, para estar preparado mentalmente para el desafío que lo esperaba. Sin embargo, algunos de esos encuentros requerían de un nivel de compenetración diferente por el trasfondo que tenían o el clima que se generaba alrededor de ellos, como era el caso de los Superclásicos.
“Siempre fui consciente que el día y la noche anterior, las horas antes del partido, tenían que ser vividas muy en el plano racional, más que en el emotivo, donde todo tiene que ser fríamente calculado, razonado, de manera que los pensamientos no se disparen en forma descontrolada y que a uno lo embargue un proceso emocional – concluye -. Cuando uno tiene que dirigir en primera división por primera vez, es realmente un impacto muy fuerte, que solamente esa sensación fue superada cuando me tocó dirigir mi primer River-Boca. En términos comparativos, es mucho más fuerte la primera vez todos y cada uno de los Boca-River que dirigir un Mundial. En mi caso, dirigir un Mundial fue obviamente hermoso, todo lo que quieras, pero en cuanto a repercusión e impacto interno nunca alcanzó a generar lo mismo que cuando dirigí mi primer River y Boca o el resto tanto oficiales como amistosos”.
Javier Castrilli fabricó muñequitos de Mafalda que vendía en Plaza Francia, manejó un taxi, fue cadete, ferroviario, vendedor de pasajes por adelantado y playero de un estacionamiento, muchas de estas actividades, mientras dirigía en las distintas ligas del fútbol argentino.
Comenzó su carrera en 1978 y en 1991, fue designado para arbitrar en primera división y debutó como internacional en 1992 en el Preolímpico de Asunción. Entre los torneos en los que ha sido seleccionado para dirigir se encuentran: el Mundial de Fútbol Sub-17 de 1993 en Japón, el Mundial de Fútbol Sub-20 de 1995 en Catar, la Copa América 1995 en Uruguay, la Copa Confederaciones de 1997 en Riad y el Mundial de Fútbol de 1998 en Francia.
Se retiró de la actividad el 27 de septiembre de 1998 tras el partido Platense y Gimnasia Esgrima de Jujuy. Luego, entre 2000 y 2001, presidió una Comisión de Investigaciones de Seguridad en el Deporte y en 2011, fue candidato a jefe de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires por el partido Acción Ciudadana.
En la función pública, se desempeñó como director de Deportes de Pinamar, director del Programa de Seguridad de Espectáculos Futbolísticos, director de Deportes Federados de la Provincia de Buenos Aires.
Para revivir la entrevista que le realizó Hernán Dobry al ex árbitro Javier Castrilli en su programa “Voces y memorias”, que se emite por Eco Medios AM 1220 los martes a las 20, hacer clic en los banners.

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