Hernán Dobry

Historias y noticias

Radio

20 agosto, 2020

“El drama de gobernar está entre lo que se quiere y se puede”

“No pertenezco al tiempo de Twitter y todo este striptease que realizan los políticos, que a mí me parece patético, porque se banaliza el mensaje. Si uno aparece todos los días, uno diciendo hoy comí albóndigas y, al siguiente, que va a invadir a Rusia, la gente empieza poner todo en el mismo nivel, porque habla todo el tiempo y disimula lo importante entre tanta pavada”, afirma el ex presidente del Uruguay, Luis Lacalle Herrera, en el programa “Voces y memorias” por Eco Medios AM 1220.
Alejado de la vida política activa en su país desde hace varios años, ha intentado mantener un bajo perfil para no opacar, durante la campaña electoral, la figura de su hijo, el actual primer mandatario, Luis Lacalle Pou. Sin embargo, aún prefiere los tiempos en los que las compulsas eran más personales y menos en las redes sociales.
“Cuando fui candidato a presidente, en 1989, no había teléfono móvil ni Internet. Teníamos una audición de radio todos los días de alcance nacional y los domingos organizábamos algo que fue muy importante: ‘Pregúntele a Lacalle’, donde la gente consultaba lo que quería y yo trataba de satisfacer esas demandas particulares – recuerda -. La política, sobre todo en el Partido Nacional, es muy familiar, de conexiones. Debo tener mil nombres, que a mí me dicen todo, ya que es mi red, que heredé de mi abuelo, que la continúe y la ha heredado mi hijo. No es una cosa que se le da como si fuera propia, pero son contactos y lealtades. Sé los cumpleaños, cuando se casan los hijos. Eso le da un tono muy intimista a la vida política”.
Pese a los años que lleva “retirado” de la actividad y los cargos públicos, aún se mantiene activo con la realidad de su país y continúa pensando en proyectos y medidas como si estuviera en el Congreso o el Poder Ejecutivo.
“Voy hacia nuestro campo, que queda a 260 kilómetros de Montevideo, observando y pensando: haría esto, habría que declarar la ley tal. Es como una especie de ansiedad permanente por encontrar soluciones. Uno queda condenado, hasta el día de hoy, que soy un viejo de 79 años, a mirar todo con la lente del presidente – resalta -. Se trata de la obsesión de un mandatario y su equipo: hallar no la solución, porque no existen las soluciones completas, sino ir achicando el margen de lo que está mal e ir agrandando lo que está bien, con un pensamiento rector que no es el del otro partido, seguramente. Ahí, viene la postura, el zurcido, en el que ayudaron enormemente mis compañeros en el Parlamento, entre lo que se quiere y lo que se puede. Allí, reside el gran drama de la vida política cuando se gobierna”.
Como jefe de Estado le tocaron años duros, en los que tuvo que batallar para tratar de implementar las privatizaciones en el Uruguay (muchas de ellas fueron frenadas por una consulta popular) y abrir la economía, tal como se estilaba en la región en la década del ’90. Por eso, recuerda esos años como de mucha tensión y desgaste.
“Cuando me reuní con el Consejo de Ministros por primera vez, le dije: muchachos, faltan sesenta meses para entregar el poder. Le dediqué tanta pasión, horas y empuje que, a veces, hasta los pobres ministros sufrían. Ser funcionario en nuestro gobierno fue un oficio no saludable, porque estábamos arriba de todos los que tenían responsabilidades – recuerda -. Mi abuelo, en su último discurso, unos días antes de morir, sostuvo: “El desafío político es la distancia que hay entre lo que se quiere y lo que se puede”. En esa frase, hay una gran lección: tengo un margen que es donde resuelvo y, después, preciso conseguir las mayorías parlamentarias, donde ya no decido, si no que otros me ayudan a obtenerlas o no. Entre lo que se quiere y se puede está el drama de gobernar. Cuando me tocó la inauguración presidencial, el 1 de marzo de 1990, terminé afirmando que me gustaría poder dejarle al siguiente presidente electo democráticamente un país mejor del que recibía. Creo que eso se cumplió. No todo estaba bien al final, pero sí mejor”.
Sin embargo, pese a todo este desgaste intentó infructuosamente volver al gobierno en dos ocasiones (1999 y 2009), para tratar de terminar con la obra que consideraba que había dejado inconclusa cuando dejó el poder en 1995.
“Volví a ser candidato porque creía que me quedaba algo por hacer, por redondear. Hubiera sido una segunda presidencia distinta porque uno ya ingresa con un conocimiento de los botones y palancas que hay que mover. Eso solamente se aprende ahí, no hay un posgrado que enseñe a ser presidente. Me quedaban cosas para hacer, pero la gente no lo quiso”, explica.
La política le ha traído grandes alegrías, como las victorias en las elecciones a diputado, senador y presidente, o la asunción de su hijo como primer mandatario, pero también, momentos amargos, como la bomba que le puso el grupo guerrillero Tupamaros en la puerta de la casa de su madre o las semanas que pasó preso de la última dictadura cívico militar en el Uruguay.
“Me vinieron a buscar los militares a casa, me pusieron la capucha y estuve un tiempo detenido en la Dirección Inteligencia. Uno siente miedo, no me voy a hacer el macho. Lo de la capucha es algo más que no ver, es una sensación de indefensión muy grande. No guardo rencor a nadie. Sé quiénes fueron – concluye -. Ese edificio se convirtió en un centro de estudios militares, y como Presidente me tocó ir a ese lugar. Cuando llegué, le comenté al director del instituto: no sabe qué gusto tengo de estar acá, por segunda vez, y esta vez por mi propia voluntad. Vamos a ir a un cuarto en el que estuve porque quiero volver a verlo. Entré al lugar donde habíamos dormido en el piso los primeros días, muy asustados con un compañero que lo habían tratado muy mal, y recé un padrenuestro rápido y le agradecí a Dios. Cuando cerraron la puerta le dije al general: ya está, olvidado. Son esos pequeños gustos que uno se da, a veces, en la vida”.
Luis Lacalle Herrera se graduó como Doctor en Derecho y Ciencias Sociales en la Universidad de la República y trabajó como periodista las revistas Clarín, Correo de los Viernes y Opinar, fue director del programa de radio Patria y Partido y columnista del diario El País.
A finales del año 1973, el grupo guerrillero Tupamaro colocó una bomba en la puerta de su casa y, luego, el gobierno cívico-militar lo detuvo y sufrió dos semanas de reclusión en la Dirección de Inteligencia.
Durante su carrera política, se desempeñó como diputado nacional y senador y titular del Directorio del Partido Nacional en dos ocasiones. Disputó tres elecciones presidenciales (1989, 1999 y 2009) y, en la primera de ellas, obtuvo la victoria que lo convirtió en primer mandatario del Uruguay.
Actualmente, es miembro honorario del Club de Roma, del Club de Madrid y del Jerusalén Summit y, además, es autor de los libros como “Trasfoguero” y “Herrera, un nacionalismo oriental”.
A lo largo de su carrera, ha recibido el Doctor Honoris Causa de la Universidad Complutense de Madrid, de la Universidad Hebrea de Jerusalén, de la Universidad Autónoma de Guadalajara y de la Universidad Nacional de Asunción.
A su vez, fue galardonado con la Orden Nacional al Mérito (Ecuador y Chile), la del Libertador General San Martín (Argentina), la de la Cruz del Sur (Brasil), la de Isabel la Católica (España) y el Cóndor de los Andes (Bolivia).
También, fue nombrado Caballero de la Gran Cruz de la Orden de San Miguel y San Jorge y recibió la Medalla de Oro de la Xunta de Galicia y el Premio Alberdi a la Valiente Defensa de la Libertad de Fundación Federalismo y Libertad.
Para revivir la entrevista que le realizó Hernán Dobry al ex presidente del Uruguay, Luis Lacalle Herrera, en su programa “Voces y memorias”, que se emite por Eco Medios AM 1220 los martes a las 20, hacer clic en los banners.

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