Hernán Dobry

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2 mayo, 2022

“El tango es uno de los pocos géneros musicales vivos, en evolución”

Si uno, en su obsesión, desmembrase una obra artística en sus múltiples partes, la disección puede mostrarnos a primera vista el organismo vivido de la obra. Un examen más minucioso puede dar los matices que la primera observación haya soslayado.
La unificación puede llevarnos a desestructurar las partes que en su conjunto han servido de armazón dinámico, con el fin de encontrar la sutileza íntima de su espíritu poético. La física del entusiasmo arriesga conocimientos infinitos y necesidades enfermizas.
Un músico dijo cierta vez que acostumbra a hacer esos análisis meticulosos y que, a su pesar, jamás encontró el corazón latiendo enamorado del artista que había concebido la obra. Juan María Solare es un excelente pianista, compositor de fina estirpe y estudioso del complejo arte de la música.

Mario Dobry (MD): ¿En qué consiste el arte de la música? y ¿cuál es la postura en la que el que va a escuchar o sentirla debe ponerse para ese arte?
Juan María Solare (JMS):
La música, como toda experiencia humana, es multifacética. Te podés aproximar a ella simplemente con una expectativa de ver cómo están ordenados los sonidos y está construido todo. Incluso, podés admirar un lego bien hecho. Tengo un chico que juega con legos y, a veces, me admira como con un diseño se puede hacer de una pieza chiquita, un tren, una forma de construcción. También, te podés aproximar desde la cosa emotiva: esto me emociona o no. Mucha gente se acerca así, la mayoría. El ser humano tiene las dos cosas, el cerebro, el raciocinio y los sentimientos. ¿Por qué negar uno u otro? No me quiero ir de un lado ni de otro. Dije emoción y sentimientos, pero hay muchos otros, por ejemplo, comunicación. En todo caso, no es un contenido semántico que podés transmitir con palabras. Es de otro tipo, artístico, estético. Como la música es un arte integral y las personas están metidas en cada una de sus facetas, se puede dirigir a cada una de esas facetas. Quien se acerca a ella puede encontrar en la misma obra y ejecución diferentes cosas, que a ellos le sirvan en ese momento.

Hernán Dobry (HD): Recién hablabas de la palabra deconstruido y la utilizaste también en algo que diste en llamar “tango deconstruido”, ¿cómo le podrías explicar a los oyentes de qué se trata?
JMS:
En mi lectura, que posiblemente no es académica en el sentido de un doctorado en musicología, tomás un tango, o en el caso mío un alfabeto tanguero, por ejemplo, las famosas campanitas de tango, como empieza “Danzarín” de Plaza. Es como una letra o un color en tu paleta de compositor. Después, tomás el famoso arrastre en el bajo. Tomás otros pequeños gestos que se repiten a rolete, en muchos casos demasiado. Los tomás y con eso construís un tango no en el sentido metódico, sino un lego o un collage en base a ellos. La base está presente y se reconoce, pero no es un tango tradicional, sino hecho pelota. Podés decir que es un tango cubista, un fragmento que en general no está pegado a otro, pero Pablo Picasso lo hacía así. Insisto, no es una definición musicológica, es una manera de explicar lo que me interesa hacer a veces, no todo el tiempo, pero a veces.

MD: Has escrito muchas obras de tango y de otro tipo y has editado muchísimos temas, has tocado solo, acompañado de un saxo. ¿Tu sentir ante un tango es más académico europeo o hay alguna faceta con la que la encarás para darla a conocer?
JMS:
Mi formación pianística es clásica, como Horacio Salgán. A veces, mi roña tanguera es limpia, no meto la nota mal, quiero hacer cosas y las estudio para que salgan bien. Conocí a Salgán, lo vi una vez, y su pianista favorito es un español, Isaac Albéniz, uno diría, qué raro que se acuerde de ese pianista y no de Frederic Chopin. Era un pianista clásico su modelo. La formación, la técnica instrumental, la musculatura no es distinta para el tango que para la música clásica. La mano es la misma, pero el estilo es distinto. De la misma manera, el barroco es distinto que el romántico, si tocás Johann Sebastian Bach como Chopin, no es convincente. Cuando toco tango, no trato de tocar música clásica. Estudié música electrónica en el Conservatorio de Colonia. A veces, las computadoras se cuelgan y ¿qué hacía mientras pasaban esto? Estudiaba tango, puntualmente “Chiquilín”. Estoy muy convencido, la vengo tocando hace veinte años, no puede salir mal, entiendo esa obra más que el compositor casi, él la compuso una vez y yo la toqué varias veces. La música electrónica de vanguardia y el tango están tan juntas en mi experiencia que no veo una dicotomía, las neuronas son las mismas. Al tango europeizante, trato de huirle. El tango finlandés, ¡que horrible! Una vez, estuve en una cumbre mundial del tango y me lo hicieron escuchar, si me dicen música folclórica, perfecto, lindo, pero si te dicen que es tango, a mí me choca. Hay personas a las que les gusta. No es mi caso, no me dedicaría a eso y no me interesa incorporar esos elementos en mi música. Para mí, es uno de los pocos géneros musicales vivos, en evolución. Canto gregoriano, siglo VI, VII, VIII, no hay ahora compositores que estén innovando. No digo que esté muerto, puede ser vivo y actual, los que lo cantan hoy están vivos, pero las reglas del juego están fijas. El tango tiene posibilidades de evolucionar, digo tango, milonga, todos sus géneros. La aproximación académica sería lo contrario a evolucionar. Cuando estudias académicamente un género, ves lo que se hizo hasta ese momento. Si uno lo define, por ejemplo: “El tango está siempre en 4×4”, viene Piazzolla y hace un tango en 7×8, uno puede decir: “Esto no es tango”. Lo escuchás y es tango. Lo que pasa es que no está en la definición que se hizo. Sí digo “el tango es tal cosa”, le cerceno posibilidades de evolución. Eso es lo que no me interesa hacer.

Si querés ver o escuchar la entrevista completa que le realizaron Hernán y Mario Dobry al pianista Juan María Solare en su programa “Letras y corcheas”, que se emite por Eco Medios AM 1220 los jueves a las 22, hacé clic en los banners.

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