Hernán Dobry

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8 marzo, 2021

“El tango necesita de nuevos exponentes jóvenes”

El clasismo implica el carácter imitativo de algo portentoso, superior y determinante de la calidad humana. Lo clásico es la esencia, lo que si todo cambia eso es la génesis, es lo que debe ser y debe continuar.
En la literatura, clásicos serían Shakespeare, Calderón de la Barca, Sarmiento, por nombrar algunos exponentes. En la música clásica, es el barroco, sonatas, conciertos. En este contexto, se puede decir que, en lo popular, el tango es hoy expresión clásica de la musicalidad de Buenos Aires.
El tango de los años ‘30 a los ‘50 es el componente embrionario del clasicismo musical de esta urbe del Plata, tanto en lo autoral, compositivo, instrumental orquestal y en el cantante interpretativo.
Así Julio de Caro, Aníbal Troilo, Juan D’ Arienzo y Osvaldo Pugliese, por nombrar a algunos directores de orquesta, perfilaron la faceta de ciudadano común a través de sus intérpretes, los cantores. Ariel Ardit es uno de los más altos exponentes clásicos en la actualidad interpretativa de este género, el tango

Mario Dobry (MD): ¿Cómo te definirías tanto en tus sentimientos particulares como en el ámbito de este género que es el tango?
Ariel Ardit (AA): El tango a mí me sucede de una manera tan natural que lo tengo que definir como que es mi expresión de vida. Me expreso en esta vida de la mejor manera que me puedo expresar. También, como padre, amigo, ser de esta sociedad, pero la expresión que mejor me representa en mi ser es cantando tango. Y no es siempre arriba del escenario sino opinando o teniendo conciencia realmente del lugar que uno ocupa como parte de un sistema que se encarga de entretener a la gente y eso es una responsabilidad muy hermosa. No empieza y termina con la vanidad de quien se sube arriba de un escenario por un aplauso o por plata, sino comprender lo que significa ser un artista, alguien que entrega alegría e intenta acercar historias de vida a la gente. Esto es una responsabilidad mayor, mucho más de lo que la gente cree.

Hernán Dobry (HD): ¿Y en qué momento descubriste eso en tu vida?
AA: Con el tiempo. Quise ser cantante lírico, vengo de una familia de artistas y cantantes. Llega un momento en que uno elige una profesión y estilo de vida y, en ese momento, es inconsciente. Uno se enamora de una mujer y no sabe si va a durar un fin de semana o toda la vida. Después de 40 años, ¿uno sabía que era la mujer de su vida en ese momento? ¿Es algo que se va construyendo? Con esto, va pasando el tiempo y siento mayor responsabilidad a este tiempo que he incorporado con el tango.

HD: ¿Qué te hizo hacer ese clic?
AA: Todo. En realidad, es el paso del tiempo que a uno lo amalgama más con esa manera de sentir. ¿Qué sería si no fuese un cantor del tango? Me cuesta mucho hoy en día a mis cuarentaitantos decir: hubiera sido tal cosa. Siento que estoy haciendo y en el lugar que mejor puedo estar representando la música que mejor puedo representar.

MD: El tango, con vos que fuiste llegando paulatinamente con otros muchachos, va amalgamando poco a poco el clasismo, no como algo viejo que uno escucha y canta lo mismo que antes, sino que es la raigambre propia de una ciudad y su gente y que tiene nuevos cultores y un nuevo público, incluso joven, que quieren acercarse a él. ¿Qué pensás de esto?
AA: Coincido con gran parte de lo que dice. Siento que por otro lado usted hizo una palabra que tiene que ver con la esencia. Para mí, lo más importante de cualquier género, sobre todo artísticos y culturales es que para que continúe la tradición, se tiene que mantener la esencia. Teniendo eso en claro, uno no le tiene que tener miedo a nuevas tendencias y expresiones. Haciendo una autocrítica a lo que he creído siempre del tango, se dicen que hay cosas que le han hecho “bien o mal al tango”. Lo que le hace mal a un género es el paso del tiempo sin pasar la posta, sin dejar el terreno y pensar cómo van a ser las nuevas generaciones. Esto de “el tango es como fue en los ‘20, los ‘30, la década de oro en los ‘40”. Siento que a veces puede ser peligroso a veces aferrarse a cierto clasismo. Lo importante es saber aferrarse a la esencia de las cosas. No es importante como lo hacían aquellos grandes intérpretes sino lo que generaban. Lo que generó en su momento fue una gran movida social y cultural que generó masividad, eso es algo que hoy no tiene. El tango con esto de cuidar modelos estéticos se transformó en algo clásico. Si tengo que hacer una mirada crítica, el tango es un hecho casi elitista. Como le pasó a la ópera, perdió la masividad, sigue siendo popular porque hace 300 años la gente iba a escucharla con un salamín y un pan abajo del brazo y en el tango sucedía de esta manera. Hay que tener cuidados con definiciones tan cerradas. El tango necesita de nuevos exponentes jóvenes, sangre joven y entender que para mantener un estilo hay que mantener una esencia y esa es la esencia de la que no hay que aferrarse. Esta es una autocrítica. Durante 20 años, buceé en los orígenes del tango y en todos los cantores que pude escuchar. Gardel es el máximo referente porque es quien inventó el canto en el tango. Las orquestas, los modelos estéticos. Siempre creía que había que justificarse con la generación que escuchó a los grandes. Hoy, el artista o representante debe investigar cuál es la esencia y con ella caminar libremente sin estereotipos y rugosidades de un pasado que no se repite y no se debe repetir. Me encanta toda la generación del ‘40, pero no querría ver orquestas como la de Troilo, sino unas que toquen tan bien como esas, pero sin copiar los modelos estéticos, porque eso encapsula al género. Sin querer los que pensamos así durante mucho tiempo algún daño le hicimos.

Si querés ver o escuchar la entrevista completa que le realizaron Hernán y Mario Dobry al cantante Ariel Ardit en su programa “Letras y corcheas”, que se emite por Eco Medios AM 1220 los jueves a las 22, hacé clic en los banners.

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