Hernán Dobry

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13 marzo, 2020

“El teatro es el actor, es el único que comulga con el”

“Tardé un tiempo en ser reconocido porque me golpearon bastante diciéndome que hacía teatro viejo”, afirma el dramaturgo Roberto “Tito” Cossa en el programa “Voces y memorias” en Eco Medios AM 1220.
El autor, que acaba de estrenar la obra “Solo queda rezar” junto a su hijo Mariano en el Teatro del Pueblo, destaca que se siente un privilegiado por esto ya que siente que esta profesión ha sido relegada a un segundo plano en la actualidad.
“El autor ha caído mucho en el desprestigio. Cómo ibas tocarle una letra a [Luigi] Pirandello a [Samuel] Beckett a [Bertolt] Brecht – destaca -. La prensa privilegia al director, que ocupó el lugar que tenía antes el autor”.
Según Cossa, esto se debe a que el teatro ha perdido “nivel literario, el valor de la palabra y de la historia” y que este lugar se lo ha ganado el cine. Por eso, tuvo que salir a buscar una forma para seguir con vida.
“El teatro encontró la manera de subsistir por el lado del espectáculo, con música e imágenes y, ahí, el autor fue perdiendo presencia. El director Jaime Kogan me decía: ‘vos sos el autor de la obra, pero yo soy el autor del espectáculo’ – resalta -. Ya no hay autores universales. ¿Adónde están los Brecht, Pirandello, Arthur Miller, que eran señores y premios Nobel?”.
Pese a esto, a los 85 años, continúa escribiendo obras, aunque a un ritmo más lento que lo que lo hacía en sus años de juventud. Incluso, se dio el gusto de que se última obra fuera a dúo con su hijo y que estuviera ambientada en otro planeta, algo inusual en sus textos que suelen hablar sobre Buenos Aires.
“Escribo lo que me viene en ganas y lo que me gusta. No tengo problemas con estilos – señala -. Puse la idea y empecé a escribirla y como tenía que meterme con temas científicos, le dije a mi hijo si tenía textos y, después, si no quería que la escribiéramos juntos”.
A la hora de sentarse a trabajar, el disparador suele ser un diálogo o una situación que se le ocurre entre dos personajes y, desde allí, va tejiendo la historia, que siempre deben tener algo de humor.
“Las ideas vienen con una situación. Eso quizás ni queda. Es un primer pretexto. Uno no sabe adónde va o no lo sabe bien, pero al final se va estructurando y sabe qué es lo que quiere – resalta -. Lo que me caracteriza es el humor, porque lo tengo la vida, entonces es inevitable”.
Una vez terminada, comienza el proceso de corrección que, según Cossa, suele ser muy tortuoso porque nunca se siente conforme con el producto final. Incluso, recurre a otras personas, en las que confía en su opinión, antes de darla por concluida.
“Soy bastante crítico con mis obras. No me terminan de gustar nunca. Por eso nunca las veo. Si lo hago digo por qué hice esto en lugar de hacer lo otro. Entonces, me amargo. Al ideal no se llega nunca – destaca -. Cuando éramos jóvenes, teníamos el hábito de juntarnos con otros actores y leernos entre nosotros. Ahora, se la doy a leer a gente que me importa, a algún colega”.
Pese a ser un dramaturgo consagrado, Cossa sigue lamentándose por no haberse dedicado a la actuación, profesión en la que incursionó en su juventud, pero que abandonó a poco de haberla iniciado.
“Me arrepiento de no haber actuado nunca. Si volviera a empezar sería actor. Hice teatro, dos espectáculos cuando era joven, pero me agarró pánico escénico. El teatro es el actor, es el único que comulga con el. Nosotros comemos en la cocina mientras el salón está lleno de hermosura y belleza – concluye -. Al principio soñaba con actuar y, luego, con escribir. Como tengo pluma, hubiera sido un actor que escribe y estrenado todas mis obras en el escenario”.
Roberto Cossa trabajó como periodista en Clarín, La Opinión y El Cronista Comercial y colabora con Página/12. Fue presidente de Argentores y, ahora, se desempeña como coordinador de la Comisión de Cultura.
Durante la última dictadura militar fue uno de los creadores de Teatro Abierto y, actualmente, preside la Fundación Somigliana, encargada de llevar adelante el Teatro del Pueblo.
Entre sus obras de teatro se destacan “Nuestro fin de semana”, “La ñata contra el libro”, “Tute cabrero”, “El avión negro”, “La Nona”, “No hay que llorar”, “Gris de ausencia”, “No habrá más penas ni olvido”, “Los compadritos”, “Yepeto”, “El Sur y después”, “Los años difíciles”, “Historia de varieté”, “Definitivamente adiós” y “Solo queda rezar”.
Durante su carrera ha sido galardonado con el premio Konex de Platino, con el Hispanoamericano de las Artes Escénicas, el Nacional de Teatro, la Medalla de Honor de Argentores y del FNA y ha sido declarado Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires.
Para revivir la entrevista que le realizó Hernán Dobry al dramaturgo Roberto “Tito” Cossa en su programa “Voces y memorias”, que se emite por Eco Medios AM 1220 los martes a las 20, hacer clic en los banners.

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