Hernán Dobry

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3 abril, 2020

“En la guerra, sale lo peor de uno y es muy difícil volver a ser el mismo cuando termina”

“El deporte me salvó la vida”, afirma el veterano de guerra de Malvinas, triatlonista y actor, Marcelo Vallejo, en el programa “Voces y memorias” que se emite por Eco Medios, AM 1220.
No es para menos, casi a los 40 años empezó a nadar, primero en clases y, luego, en competencias en aguas abiertas para escapar del infierno de las drogas y el alcohol en el que se había convertido su vida, en un intento por soportar el dolor que le causaban en el alma los recuerdos de su experiencia en el conflicto del Atlántico Sur.
“En 2000, mi familia me internó para rehabilitarle, porque estaba perdiendo mi trabajo y mis seres queridos por los excesos. Ellos eran era mi sostén, pero no me importaba. La guerra me dolía y no me dejaba hacer otras cosas, ni disfrutarlos – recuerda -. En un viaje a La Rioja, me tiré a un dique sin saber nadar, borracho y luego de haber consumido pastillas. Me salvó el grupo de veteranos con el que iba. Cuando volví, fue aprender a nadar y, al poco tiempo, mi profesor me llevó a una competencia y dije: esto es lo que me va a salvar”.
A partir de allí, nunca más abandonó la natación, a la que, tiempo después, le sumó el ciclismo y las carreras de fondo. La vida sana hizo que, incluso, se alejara de sus amigos para tomar distancia de las tentaciones.
“Empecé la vida de deporte y no fue fácil porque siempre tenía recaídas. No me podía juntar con mis amigos, porque cuando tomaba una copa de vino, necesitaba la droga”, destaca.
El triatlón y, luego, los Iron Man se tornaron su gran pasión hasta la actualidad, sin saber que eso lo llevaría de regreso a las islas Malvinas, donde había vivido el infierno del que el deporte lo había rescatado. Era un nuevo desafío personal: enfrentarse a los fantasmas del pasado, con los que hasta el día de hoy suele soñar.
“Mi psicóloga no quería que fuera a Malvinas a correr porque me decía que no estaba preparado. Yo sentía mi deseo de volver – confiesa -. Cuando faltaba una semana para viajar, se me borró el lugar en el que había estado y todo lo que me había pasado allá. Ella me dijo que era porque mi mente se estaba preparando. Cuando pisé las islas, recordé cada paso, cada lugar. No se me había borrado nada”.
Había llegado la hora de volver, pero de una forma muy diferente a la que siempre se había imaginado. Debía correr una maratón sobre los mismos campos en los que había combatido y visto morir a su compañero de trinchera.
“Siempre pensaba en volver a Malvinas y emborracharme en mi posición. Volver para correr sintiéndome entero fue un lindo homenaje que le pude hacer a mis compañeros – afirma -. Necesitaba saber que no estaba loco. Siempre me sentaba en el fondo de mi casa y sentía un viento o un olor y me llevaba a las islas. Pude comprobar que no lo estaba”.
Ese viaje fue una segunda bisagra en su vida, ya que le permitió dejar una pesada mochila que cargaba sobre sus espaldas y poder contar libremente lo que le había tocado sufrir durante ese lejano 1982.
“Después de la guerra no fueron muchas veces las que lloré. Pero cuando volví a Malvinas, era el lugar que tenía que estar para poder desahogarme, despedirme de mis compañeros – recuerda -. Después de que volví de la maratón, pude hablar más convencido, porque antes no podía hacerlo. Sólo me salía cuando iba a un bar y tomaba”.
Vallejo fue a las islas Malvinas como voluntario, porque ya había terminado el servicio militar obligatorio un año antes, sin saber realmente lo que implicaba participar de un conflicto bélico.
“Cuando comenzaron los bombardeos fue como estar en una película, algo muy increíble, que quería mirar. No me lo quería perder. Salía del pozo y observaba todo, porque eran lejos de nuestras posiciones – resalta -. Cuando atacaron más cerca nuestro, sentí un miedo que no lo había tenido nunca y me di cuenta de que estaba en una guerra”.
A partir de allí, todo se convertiría en un infierno que duraría 45 días donde conviviría con el frío, el hambre, el temor a la muerte y los bombardeos y los combates contra los ingleses hasta el 14 de junio de 1982.
“La guerra es un horror, en lo que te convertís como persona, porque sale lo peor de uno y es muy difícil volver a ser el mismo cuando termina – concluye -. Cuesta vivir con esos recuerdos, porque no se los podés contar a nadie, porque nadie te escucha ni te entiende. Solo uno que haya estado”.
Marcelo Vallejo estuvo destinado en el Monte William desde el 13 de abril hasta el final de la guerra como apuntador de mortero. Luego de volver al continente hizo trabajos de pintura, de jardinería, vendió revistas en los trenes y fue operario en una línea de montaje de una automotriz.
En 2004 comenzó a practicar triatlón, disciplina con la que compitió en varios lugares del mundo. Desde 2016, forma parte del elenco de la obra de teatro “Campo Minado”, junto con otros cinco veteranos de guerra de Malvinas argentinos y británicos, y de la película “Teatro de guerra”, ambos dirigidos por Lola Arias.
Para revivir la entrevista que le realizó Hernán Dobry al veterano de guerra de Malvinas Marcelo Vallejo en su programa “Voces y memorias”, que se emite por Eco Medios AM 1220 los martes a las 20, hacer clic en los banners.

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