Hernán Dobry

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13 noviembre, 2020

“Extraño la felicidad de bailar”

“Siento que tengo una mirada muy teatral para trabajar. El artista es alguien que puede atravesar las tormentas propias, no ajenas, y encontrarse, después, con el público, con tu compañera, desde un lugar mucho más sincero y profundo. Eso que trate de hacerlo toda la vida con mi persona, hoy lo hago con los artistas, cuando me siento en la platea y veo que, en el resultado final, cada uno estuvo, en la medida que pudo, atravesando, soltando sus miedos y yendo adelante”, afirma el ex bailarín Iñaki Urlezaga en “Voces y memorias” por Eco Medios AM 1220.
Esta sensibilidad se puede percibir tanto en las puestas que ha hecho como coreógrafo como en las compañías que le ha tocado dirigir a lo largo de su carrera, como el Ballet Concierto y el Ballet Nacional.
“La gente que ve una obra, que no sabe que es mía, me dice: ‘Cómo se nota el cambio en la gente, la libertad de expresión’. Eso es lo que el bailarín obtiene a través de este proceso creativo. Siento que hoy los jóvenes basan su profesión, su carrera en la técnica y no de la expresividad. Yo vine a dar otra cosa, a brindarles la posibilidad de que se puedan comunicar con el público de corazón a corazón”, explica.
Esa meta la busca tanto a través de la dirección como en las coreografías que ha creado, tanto para las compañías que le ha tocado encabezar como para otros proyectos que le han encargado desde el exterior. Esto lo ha llevado a ganarse un renombre internacional, al punto de que fue convocado por el Yacobson Ballet Theathre para realizar la versión de La dama de pique de Alexader Pushkin.
Sin embargo, al principio se negó a aceptar el trabajo. “No me sentía capacitado para hacer a Pushkin en San Petersburgo porque ellos preservan y cuidan a su cultura como nada en el mundo. No veía posibilidad de poder hacerlo Llamen a uno de ustedes, les dije. Es como que llamen a un ruso para hacer el Martín Fierro”, recuerda.
Más allá de eso, cuando se aboca a trabajar en una coreografía, busca dejar su sello personal, para lo que estudia en detalle el contenido de la historia que quiere narrar, sin perder de vista quiénes serán los bailarines que la van a protagonizar.
“Mi trabajo es artesanal. Primero, tengo que encontrar la idea y, después, darle la estructura y lo que implica: cómo lo quiero contar, con qué música, en qué ámbitos, en qué época la voy a desarrollar, con qué bailarines. El equipo técnico y artístico que elijo para el espacio, para la escenografía, para el vestuario, tiene que ver con un determinado fin. Todo tiene que ver con la proyección interna de como querés contar el cuento”, destaca.
La creación de coreografía, las clases y, hasta hace no mucho tiempo, la dirección del Ballet Nacional lo tienen ocupado. Sin embargo, aún recuerda con cariño los años en los que encabezaba las compañías de danza clásica más importantes del mundo.
“Estar sobre un escenario es la libertad más bella que puedas experimentar, porque es único e irrepetible. Tiene la posibilidad de comunicarte sin palabras, porque el lenguaje se aprende, es psicológico y es algo que va despertando sentimientos guardados en el cuerpo. El escenario tiene una de una revolución interior muy poderosa, muy linda – concluye -. Extraño la felicidad de bailar. Eso no se reemplaza porque te queda un poco el síndrome del nido vacío de un padre. La vida transcurre, continua, tenés nuevas emociones, vivencias, poderosísimas también y, tal vez, igual de bellas y sublimes. No digo que no. No creo que todo ayer fue mejor, vivo la vida de esa manera, pero esa sensación de esta plasticidad, ese momento, es único. Para quien lo vivió es un néctar divino”.
Iñaki Urlezaga comenzó sus lecciones de danza en La Plata con la Maestra Lilian Giovine y, luego, estudió en el Instituto Superior de Arte del Teatro Colón hasta que recibió una beca para perfeccionarse en el American Ballet.
En 1991, integró el ballet del Teatro Argentino de la ciudad de La Plata y, dos años después, ingresó al Ballet Estable del Teatro Colón, donde fue primera figura. De allí, partió a Londres, para sumarse al Royal Ballet de Londres, en donde bailó durante diez años.
En 2000, formó su propia compañía, Ballet Concierto con la que se presentó en escenarios y festivales internacionales en Europa, América, Asia, Oceanía y África y cinco años más tarde participó como bailarín invitado en el Het National Ballet.
En paralelo a su carrera en la danza, se desempeñó como coreógrafo y realizó la puesta de obras como Sylvia, Floralis, Danzaria, Constanza, Cascanueces, La Traviata, Cuentos de Chopin, Dios se lo pague, El lago de los cisnes y La Dama de Picas, entre otras.
En 2013, fue nombrado director artístico del Ballet Nacional, cargo en el que estuvo hasta diciembre de 2017, cuando decidieron cerrar la compañía por un recorte de presupuesto. Finalmente, al año siguiente, decidió retirarse como bailarín.
Durante su carrera, recibió galardones como el primer premio en la Concurso Latinoamericano de Ballet, la medalla de Plata en el Concurso Internacional de Ballet de París, la medalla y tres menciones especiales en Concurso Internacional de Ballet de Moscú.
Además, obtuvo el primer premio de las artes y las ciencias de Coca-Cola, el de la crítica de México, el María Ruanova al mejor bailarín argentino, el Positano a la excelencia en Danz, el Critic’s Circle Dance Awards, el diploma al mérito de Fundación Konex y el Les Etoiles de Ballet 2000.
Para revivir la entrevista que le realizó Hernán Dobry al ex bailarín Iñaki Urlezaga en su programa “Voces y memorias”, que se emite por Eco Medios AM 1220 los martes a las 20, hacer clic en los banners.

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