Hernán Dobry

Historias y noticias

Bibliocritico

3 febrero, 2014

Humor: la revista que desafió a la dictadura.

Apenas tres medios de comunicación se destacaron por haber enfrentado al gobierno militar durante la última dictadura en la Argentina en forma constante, cuando la mayoría de la prensa gráfica se mantuvo en silencio y, en algunos casos, se transformó en propagandista del régimen: el diario Buenos Aires Herald, el periódico Nueva Presencia y la revista Humor. Sin embargo, hasta hace poco tiempo nadie se había encargado de rescatar el rol que tuvo cada uno de ellos en esos años y transformarlo en libros.

Este espacio lo vino a cubrir, primero “Los judíos y la dictadura: Los desaparecidos, el antisemitismo y la resistencia”, de Hernán Dobry, en el que se detalla la labor de Nueva Presencia, el semanario editado por Herman Schiller, y ahora, “Humor: Nacimiento, auge y caída de la revista que superó apenas la mediocridad general”, del periodista Diego Igal, sobre el quincenario dirigido por Andrés Cascioli.

La revista, surgida en plena dictadura militar, desafió los límites de la tolerancia y la censura castrense a través del humor gráfico y, lentamente, se fue convirtiendo en una bocanada de aire fresco en medio del asfixiante silencio que reinaba en esos años en la sociedad, lo que la terminó convirtiendo en una publicación de culto y la llevó a vender cerca de 200.000 ejemplares por número.

“Las caricaturas a los represores en el poder ya eran desembozadas [para 1982]. Cascioli siempre afirmaba hacia adentro y afuera de la redacción que la ridiculización los debilitaría”, afirma el autor y recuerda que por sus tapas pasaron Jorge Rafael Videla, José Alfredo Martínez de Hoz, Roberto Viola, Albano Harguindeguy, Leopoldo Fortunato Galtieri, entre otros.

Igal rescata esto y muchas anécdotas desconocidas para el público general a través de una minuciosa investigación que incluye artículos, tiras y caricaturas a las que le suma los testimonios de buena parte de los directores, dibujantes, guionistas, diseñadores y periodistas que pasaron por la publicación.

“Como el bañista que tantea la temperatura del agua antes de sumergirse, los humoristas probaban el ambiente con los chistes. No había más censura que la autocensura que pudiera aplicar cada uno, aunque también reinaba la osadía e inconciencia juvenil de los hacedores”, destaca el autor y es algo que también ocurría con quienes hacían Nueva Presencia o el Buenos Aires Herald.

Uno de los mayores aportes del quincenario durante la dictadura fue el espacio que le dio a las cartas de lectores ya que se convirtió en “un foro de denuncias y quejas por la realidad del país” en medio del silencio de la sociedad, al igual que ocurría en el semanario de Schiller.

Igal rescata todo esto y lo plasma con claridad en un relato que se le hace muy simple de seguir al lector. A esto, le suma el derrotero que tuvo la publicación luego del retorno de la democracia y la historia de las revistas anteriores que lanzó Cascioli y que, en cierta forma, sirvieron como ensayos para lo que, luego, terminaría siendo Humor.

Pero, hay algo que le falta al libro: una explicación del contexto en el que se movía la prensa argentina (y el rol de los principales referentes) en las diferentes épocas en las que tuvo que atravesar la publicación, como para entender mejor el clima que se vivía en el país y que sirva de contraste con el importante lugar que ocupó el quincenario, especialmente durante dictadura.

Como ocurre con los demás periodistas que se jugaron la vida durante esos años, la pregunta que siempre queda flotando en el aire es por qué Cascioli y los suyos no desaparecieron o por qué los militares les permitieron que siguieran adelante con su labor, pese a que sufrieron la prohibición de publicar algunos números. Igal cree encontrar en las palabras de Cascioli algún tipo de respuesta.

“El Tano creía que el escándalo internacional que había generado por la detención de Jacobo Timerman llevaba a los militares a evitar medidas que podrían tener otra vez una gran repercusión negativa. Otros opinan que los censores y los dictadores creían que los ‘dibujitos’ eran inocentes”, señala.

En el imaginario popular, Humor sigue siendo sinónimo de la lucha durante la dictadura y pocos recuerdan que siguió en la calle durante dieciséis años después de que asumiera Raúl Alfonsín, lo que demuestra la importancia del papel que jugó en esos años.

La publicación sobrevivió a la dictadura y continuó apareciendo hasta el 19 de octubre de 1999, aunque luego del retorno de la democracia (en 1983) empezó a declinar en sus ventas hasta desaparecer sin que casi nadie se diera cuenta.

“Una revista no es como una persona. No muere de repente. No sufre un accidente. No se enferma o tal vez sí y sin que nadie lo perciba. Y un día ¡pum! Chau. Las revistas ‘nacen’ en la redacción y continúan su ‘vida’ cuando llegan al lector. Incluso pueden renacer mucho tiempo después cuando alguien las descubre o las reencuentra”, concluye Igal. Algo que sin dudas le ocurrió a Humor.

Título: “Humor: Nacimiento, auge y caída de la revista que superó apenas la mediocridad general”
Autor: Diego Igal
Género: Periodismo
Editorial: Marea Editorial
Páginas: 252

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