Hernán Dobry

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25 septiembre, 2020

“La gente me conoce como el tipo que toca con todo el mundo y no tanto como compositor”

“Nunca tuve la impronta transgresora, siempre fui un poco pomposo y grandilocuente tocando que es, quizás, una particularidad esencial mía y que me gusta, disfruto y me resulta algo lindo y personal. Encontré en esa grandilocuencia un lugar de pertenencia”, afirma el pianista Lito Vitale en el programa “Voces y memorias” por Eco Medios AM 1220.
Nadie puede dudar que lo ha conseguido. Sólo basta escuchar alguno de sus discos, los que grabó con Juan Carlos Baglietto o con una innumerable cantidad de músicos o asistir a los más variados recitales en los que ha tocado para reconocerlo. Ese sello es el que buscan los artistas que constantemente lo convocan para participar en sus proyectos.
“Si supiera cuál es mi sello, cometería una gran pérdida de tiempo porque cada músico tiene su personalidad y la hace notar en base a su fraseo o su manera de encarar cada proyecto. Después de tantos años, me siento al piano y suena de una determinada manera, pero eso es innato, me sale así – resalta -. Cuando alguien no quiere que toqué como lo hago y necesita otras cosas, prefiero que trabaje con otro músico antes de tener que transformar mi manera de tocar, porque no me sale. Me gusta disfrutar de lo que hago. No quiero cercenar la personalidad de nadie y mucho menos la mía”.
Esa virtud también conlleva el riesgo de autoplagiarse. Sin embargo, eso es algo que no lo desvela ya que considera que ese sonido y forma de ejecutar que lo ha hecho famoso, es parte de su propia personalidad.
“No me jode repetirme, porque de alguna manera es utilizar las mismas palabras que siempre usaste para expresarte, que son parte de tu idioma personal. Cuando uno tiene un camino de tantos años, indudablemente se repite. No te sale de otra manera que transitar tu camino – destaca -. Si querés tratar de luchar contra eso adrede, podés hacerlo perfectamente: trabajar la manera tímbrica, la armónica, la melódica, la rítmica, para hacer algo diferente a lo que venías haciendo. Por ahí, cuando vuelva a armar algo específicamente compuesto por mí, trate de tomar esos elementos”.
Su faceta como compositor es la que más tiene abandonada, pese a que en la década del ’90 fue la que lo catapultó a la fama, de la mano del tema “Ese amigo del alma”, con el que pudo presentarse por primera vez en el exterior.
“Fue una bisagra en mi carrera, porque me permitió llegar a la popularidad con una música instrumental que duraba trece minutos. Generó un montón de caminos, giras y de reconocimiento. Es lindo cuando tenés una o dos músicas en tu camino que van representando a mucha gente. Está bueno hacer algo y ser reconocido por el público en un momento. No es lo que uno busca, pero es una parte importante del armado de un músico – afirma -. Un músico sin público es más difícil. Uno, en general, toca y le gusta emocionar a la gente, el aplauso, ese ida y vuelta, porque te nutre, te alimenta y te hace crecer. Si siempre te va mal, es un bajón y si siempre te va bien, te transformas en un pelotudo. Tenés que hacer como una especie de equilibrio, morfarte algunos fracasos, para aprender y saber que uno no sos un astro sino un músico que, de vez en cuando, conecta con la sensibilidad de algunas personas”.
Pese a esto, hace tiempo que su faceta de compositor para sus propios trabajos como solista ha quedado relegada detrás de los numerosos proyectos en los que suele estar abocado, tanto con Juan Carlos Baglietto como con otros músicos. Es una cuenta pendiente que promete saldar en cuanto tenga un hueco en su agenda.
“En los años 80 y 90, tuve me tuve en mi oportunidad de plantear un camino como compositor, que, después, por los caminos que me llevó la vida, dejé de hacerlo. Mi música todavía tiene un tiempo por mostrarse, por salir cosas nuevas. La gente me conoce como el tipo que toca con todo el mundo y no tanto como compositor – concluye -. Es una parte importante de mí, que me representa definitivamente también. Pero los vaivenes de la actividad, los momentos en la vida, te hacen también definir cuál es tu realidad. El camino se va trazando mientras lo estás transitando. Tengo todavía mucho por delante, muchos planes y sueños por concretar. Uno de ellos es volver a hacer alguna cosa que me represente como compositor. No estaría mal que, en algún momento, me vuelva dedicar específicamente a los mío”.
Lito Vitale comenzó a tocar el piano de chico y a los 12 años formó parte de la cooperativa Músicos Independientes Asociados (MIA). Luego, creó un trío junto a Bernardo Baraj y Lucho González, un cuarteto con Marcelo Torres, Manuel Miranda y Christian Judurcha y un quinteto Martín González Puig, Juan Pablo Rufino, Mariano Delgado y Víctor Carrión.
Ha colaborado con Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota en algunos de sus discos y desde hace 30 años, se presenta a dúo con Juan Carlos Baglietto, con quien ha grabado siete discos en estudio y en vivo.
Ha compuesto música para ballet y películas como “Anita”, “Tocar el cielo”, “Elsa & Fred”, “Cabeza de tigre”, “Ciudad del sol”, “Policía corrupto”, “Juego limpio”, “Patrón”, “La memoria del agua”, “Siempre es difícil volver a casa” y “Ya no hay hombres”, entre otras.
Entre sus discos se destacan “Sobre miedos, creencias y supersticiones”, “A 2 pianos”, “Cumbo-Vitale-González”, “Ese amigo del alma”, “La senda infinita”, “Viento sur”, “Juntando almas”, “Más allá del mar”, “Cuentos de la media luna”, “Laberinto sin ley”, “El grito sagrado”, “Desde casa”, “Todos estos años”, “Un solo destino”, “Cuatro calmas”, “El hombre de la corbata roja”, “Adiós, hermano cruel”, “Nuevo Trío”, “Federal Tango”.
Para revivir la entrevista que le realizó Hernán Dobry al pianista Lito Vitale en su programa “Voces y memorias”, que se emite por Eco Medios AM 1220 los martes a las 20, hacer clic en los banners.

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