Hernán Dobry

Historias y noticias

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5 marzo, 2021

“La gente no se acuerda de que fui presidente y eso te da libertad”

“Todo queda condicionado por el hecho de que fui, lo cual no me gusta mucho por soy lo que soy y no lo que fui. La gente no se preocupa, ni saben que “fui tal cosa”, profesor y menos en una universidad extranjera. Lo que me hace conocido es el hecho de que fui presidente y eso es una cosa que te marca para siempre, para bien y para mal”, afirma el ex primer mandatario brasileño, Fernando Henrique Cardoso, en el programa “Voces y memorias” por Eco Medios AM 1220.
Pese a haber gobernado su país durante ocho años y sido senador, canciller y ministro de Hacienda, aún se siente más a gusto en la vida académica que en la política, área en la que es más reconocido en el exterior que en su propia tierra.
“He sido un intelectual en la política. Siento más nostalgia de la enseñanza, sigo aprendiendo, doy clase, porque me gusta estar con los más jóvenes, aprendo con ellos. Soy más intelectual que político. Camino muy sencillo por mi barrio sin tener seguridad. La tengo por ley, pero no lo uso – destaca -. La gente muy a menudo no sabe cómo dirigirse a mí si puede tutearme. No tengo mucha formalidad porque fui presidente, lo fui, pero no lo soy más. Todo esto tiene que ver con la formación de cada uno. Fui profesor toda la vida aquí y afuera. Mi padre fue diputado, mi abuelo magistrado, mi bisabuelo fue gobernador. Entonces, no me pone nervioso haber sido tal cosa. Fui y la vida pasa y uno lo sabe. Hay que vivir con intensidad cada momento. Yo lo hago”.
A sus casi 90 años, se considera retirado de la vida política y alejado del ejercicio diario del poder. Sin embargo, disfruta de ejercer su influencia en la sociedad a través de las columnas que escribe en los diarios o de las entrevistas que suele dar en los medios locales e internacionales.
“En Brasil, normalmente, los ex presidentes se apartan de la política, algunos quieren volver y lo hacen. Voy a cumplir 90 años, dejé la presidencia como un señor de edad, no tenía más preocupaciones. Entonces traté de no meterme otra vez. Soy todavía presidente de honor de un partido, pero es de honor – resalta -. No tengo poder político ni quiero tenerlo. Quiero otra cosa, tener influencia y la tengo por lo que escribo y por lo que pienso como una persona con experiencia. No creo que uno deba estar todo el tiempo volviendo a lo que fue”.
Por eso, su primera medida tras abandonar el Palacio del Planalto fue viajar a Francia donde emprendió unas vacaciones junto a su esposa, en busca de recuperar la normalidad que había perdido en sus años como primer mandatario.
“Llegamos a un hotelito en París y teníamos un montón de policías. Les agradecí y les dije que podían saber dónde vivía, pero no los quería ver más. Uno se acostumbra, pero un presidente es un prisionero. Estás caminando en el palacio y siempre hay alguien que te está mirando, en la pileta, alguien te observa. Esto es incómodo a la larga – explica -. Me sentí libre, la primera vez que estuvimos solos nosotros dos y no había nadie alrededor. Los brasileños se encontraban conmigo y me miraban. Todavía ando sin custodia. La gente no se acuerda más de que fui presidente y eso es bueno, te da libertad. Estoy feliz ahora que no tengo mayores responsabilidades políticas”.
Su paso por la vida académica y, especialmente, su formación como sociólogo le fueron de utilidad a la hora gobernar, ya que había pasado muchos años de su vida estudiando a diferentes sectores de la sociedad, como fue el caso de los negros, que fueron el tema central de su tesis de grado. A diferencia de sus colegas, supo separar lo teórico y poner en práctica mucho de los conceptos que había aprendido y enseñado cuando se volcó a la política.
“Un político tiene que gustarle al pueblo, es una fuerte diferencia que existe con la vida intelectual. A los intelectuales, les gusta el concepto de pueblo, pero no la gente. Pueblo es algo distinto a un concepto, son personas, hay que convivir con ellas – resalta -. En algunas repúblicas, hay presidentes que tienen la idea de ser emperadores, no es mi caso, soy sociólogo. Nunca me contagié, porque sabía cómo era la vida común. No puedo decir que tengo una vida común porque sería mentira, guardo un poco de lo que fue, pero desde el comienzo traté de estar como un ciudadano”.
Sin embargo, de poco le sirvió la experiencia en el manejo del poder como canciller y ministro de Hacienda, cuando le tocó asumir la presidencia. Era su momento. Por eso, sintió que el “peso de la historia” se le venía encima cuando se acercaba al Palacio del Planalto para hacerse cargo del gobierno.
“La sensación fue de miedo por ser responsable de todo, porque ahora era toda mía. Eso no es algo cómodo. Tenía familiaridad con el poder, pero como presidente da una sensación de otra naturaleza. Una vez que la historia te da una responsabilidad hay que cumplirla. Hay que saber mandar y saber respetar a los tribunales y al Congreso. No es fácil, hay que tener un cierto entrenamiento. Una persona que está acostumbrada a tener poder no necesita exhibirse – concluye -. El poder no es para cualquiera sino para quien sabe utilizarlo, sino caés. Lo más importante es el apoyo popular. Me era difícil por ser intelectual, eso te aparta, quieras o no. Se requiere de autoridad y humildad. Dependés de tu formación y de lograr un cierto equilibrio. A su vez, hay que tener un sentimiento de finitud, porque si no vas a sufrir cuando terminás. Hay que buscarse otros juguetes”.
Fernando Henrique Cardoso se recibió de sociólogo en la Universidad de São Paulo. Durante la dictadura militar en su país, se fue exiliado a Chile y, luego, a Francia y recién pudo regresar a Brasil en 1968.
Al año siguiente, creó el Centro Brasileiro de Análise e Planejamento. Recién en 1978, inició su carrera política al ser electo senador suplente por San Pablo, cargo que asumió en 1983, cuando el titular dejó su puesto.
Su primera derrota la tuvo cuando fue candidato a intendente de San Pablo en 1985, pero se recompuso rápido ya que, en los siguientes comicios obtuvo una banca de senador por ese mismo estado.
Fue en el Congreso, donde se reunió con algunos de sus compañeros para fundar el Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB). Mientras se desempeñaba como legislador, el presidente Itamar Franco lo convocó para que fuera, primero, su canciller, y luego, su ministro de Hacienda.
El éxito que tuvo con su plan Real para controlar la inflación fue lo que lo llevó a ganar la elección presidencial en 1994. Luego, la reforma constitucional que promovió le permitió presentarse a un segundo mandato.
Ya alejado del poder, fue nombrado uno de los cien mayores intelectuales públicos del mundo por la revista Prospect en 2005 y cuatro años más tarde, la revista Foreign Policy lo consideró el 11º pensador global más importante.
Durante su vida académica, se desempeñó como profesor emérito de la Universidad de São Paulo, además de haber dado clases en la Universidad de París I Panthéon-Sorbonne y en otras de los Estados Unidos y Europa.
Fue nombrado caballero gran cruz de la Orden del Baño y posee el gran collar de la Orden de Santiago de la Espada y de la Orden del Infante Don Enrique. Actualmente, preside el Instituto Fernando Henrique Cardoso.
Para revivir la entrevista que le realizó Hernán Dobry al ex presidente de Brasil, Fernando Henrique Cardoso, en su programa “Voces y memorias”, que se emite por Eco Medios AM 1220 los martes a las 20, hacer clic en los banners.

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