Hernán Dobry

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11 junio, 2021

“La guerra fue una experiencia dolorosa, pero la más rica de mi vida”

“Tengo la sensación de que nadie se estanca en el pensamiento que tiene. No soy para nada igual como cuando me gradué como rabino. Tuve a lo largo de mi vida distintos momentos de cambio, no voy a decir ideológicos, pero obviamente hoy soy bastante más liberal de lo que era antes. Tengo una perspectiva de vida más abierta e incluyente. Si bien soy muy respetuoso de la tradición, estoy mucho más abierto y tolerante”, afirma el rabino Felipe Yafe en el programa “Voces y memorias” por Eco Medios AM 1220.
A punto de cumplir cuarenta años en su profesión y tras haber vivido en los Estados Unidos e Israel, oficiado en sinagogas de Buenos Aires, Córdoba, Mendoza, Barcelona y Barbados y sido el decano del Seminario Rabínico Latinoamericano durante siete años, no sólo ha cambiado como rabino sino también como persona tras haberse enriquecido con todas esas experiencias.
“Me parece que hay cosas y posturas que sostuve cuando era joven que sigo sosteniendo y otras que no. Tiene que ver con una metamorfosis. Espero que el tiempo haya hecho algo de mí. Quiero creer que soy más maduro, tengo más recorrido, espero que me haya vuelto más sabio, no un sabio, pero más sabio de lo que era”, destaca.
A lo largo de su carrera, le tocó vivir experiencias duras, pero a la vez enriquecedoras, como cuando el rabino Marshall Meyer lo seleccionó para viajar a Comodoro Rivadavia durante la guerra de Malvinas para prestarle asistencia espiritual a los soldados argentinos que estaban asentados allí.
“La guerra fue una experiencia dolorosa, pero la más rica de mi vida. Volví de otra manera. Me quedé tres años más en Córdoba, algunos de los jóvenes que estaban ahí iban y me recordaban. Siempre estuve muy metido en las cuestiones judaicas y fue placentero sentir que le fui útil a mi país. Mis compatriotas estaban en una situación espantosa”, resalta.
Durante su paso por la Patagonia, se convirtió en uno de los cinco religiosos judíos en cumplir las funciones de capellán y oficiar en el Ejército Argentino por primera vez en la historia del país, algo que nunca más volvió a repetirse hasta ahora.
“Llevar a los jóvenes a la guerra me pareció una barbaridad y pude contribuir para hacerlo llevadero. Con respecto a la muerte, no podía hacer nada, pero con los miedos y las angustias sí – recuerda -. Nunca estudié en mi formación rabínica, ni en ningún lado, cómo ser capellán del Ejército, es posible que en los Estados Unidos esté más desarrollado, pero acá no. Había posibilidades de que nos manden a las islas, tenía que cumplir mi rol rabínico y estaba con mucho miedo, sabía que estaban bajando aviones que volaban para allá. Había tomado una decisión, para eso había ido al sur”.
Ni bien llegó a Comodoro Rivadavia, comenzó a visitar las diferentes zonas en donde estaban desplegadas las tropas que resguardaban el continente de una posible incursión inglesa. Incluso, pudo oficiar en un par de servicios de kabalat shabat para ellos en la pequeña comunidad local, de la que también participaron sus miembros.
“El mayor González me venía a buscar con una camioneta militar, llamaban a los soldados y preguntaba quiénes eran judíos, los separaron y me presentaron. Tenía 29 años y me dije: ahora ¿qué hago? Estos soldados tienen que ir a las islas y quizás mueran. Apelé a la sensibilidad y al amor y al sentido profundo de la responsabilidad – explica -. Lo primero que hice fue echar mano de mis experiencias en madrij, como líder de grupos juveniles, me manejé de una manera similar Estos chicos necesitaban mucha comprensión, oreja y amor para entender lo que estaban pasando. Puse una piedra en el medio de la Patagonia y empezaron a venir de a uno. Después, fui aprendiendo y cuando me autorizaron a atender a los heridos en la guerra, mi sensibilidad me ayudó a asistirlos. Era un sentido de responsabilidad: tengo que hacerlo bien, colocarme en función de quién asisto”.
Tras la finalización de los combates, retornó a su sinagoga, el Centro Unión Israelita de Córdoba, donde continuó oficiando como lo había hecho antes de marchar a Comodoro Rivadavia, sin saber que un par de años después la vida volvería a convertirlo en protagonista de otro evento histórico.
“Cuando el doctor Alfonsín decide la fundación de la Comisión Nacional para la Desaparición de Personas (CONADEP) y lo coloca al frente a Ernesto Sábato, nunca me imaginé que me iba a tocar a mí – señala -. Igual que recibí la sugerencia de ir al sur en la guerra de Malvinas, el rabino Marshall Meyer me llamó porque, en la regional norte, se podía participar. Se formó un grupo de gente de primer nivel y mucha experiencia, con intelectuales, académicos, actores y políticos. Aprendí mucho de ellos”.
Allí, estuvo a cargo de tomar declaraciones a los familiares de desaparecidos que se acercaban para denunciar sus casos, además de contenerlos espiritualmente cuando debían transmitirles la información que habían recabado sobre sus seres queridos en otros testimonios.
“Fue una experiencia muy enriquecedora, me permitió acceder a esta cuestión horrorosa de los desaparecidos. A uno de los miembros, le volaron la casa mientras estábamos funcionando, fue una cosa muy pesada. Me siento extraordinariamente más enriquecido – concluye -. A veces, volvía a mi casa muy mal. Alguien había dicho que algunos desaparecidos estaban en Holanda y alguna familia de la comunidad quería averiguar ya mismo si eso era así con la embajada. Había mucha angustia. Muchas de las personas que desaparecían tenían mi edad o eran más jóvenes. Agradecía que más allá de lo terrible que le pasaba a mí país podía estar ahí y contarlo”.
Felipe Yafe comenzó su carrera en el ámbito de la educación donde estudió la carrera de profesor primario y secundarios en la Midrashá Haivrit. Luego, se graduó como licenciado en Biblia e Historia del Pueblo Judío en la Universidad Hebrea de Jerusalén en 1980 y, al año siguiente, fue ordenado rabino en el Seminario Rabínico Latinoamericano.
Durante cuatro años, se desempeñó al frente del Centro Unión Israelita de Córdoba y, en 1982, fue nombrado capellán en el Ejército Argentino durante la guerra de Malvinas para prestar asistencia espiritual a los soldados acantonados en Comodoro Rivadavia.
Dos años más tarde, formó partes de la CONADEP en Córdoba y, en 1985, se marchó a los Estados Unidos donde realizó una maestría y un doctorado en Biblia en el Jewish Theological Seminary de Nueva York.
A su regreso al país, fue nombrado director de la escuela rabínica del Seminario Rabínico Latinoamericano Marshall Meyer, del que llegaría ser su decano durante siete años y, en 1991, se incorporó como rabino de la comunidad Bet Hilel, donde permaneció durante 25 años.
Luego, ofició en diferentes sinagogas en las ciudades Mendoza, Barcelona, Barbados y Buenos Aires (Bnei Tikvá). En 2015, fundó el instituto Kivún, donde ejerce como docente en la actualidad.
A lo largo de su carrera, fue miembro del Tribunal de Ética de la comunidad judía argentina y cofundador de la Universidad Libre de Estudios Judaicos. Es autor del libro “Profetas, reyes y hacendados en la época bíblica” y fue nombrado Doctor Honoris Causa del Jewish Teological Seminary.
Para revivir la entrevista que le realizó Hernán Dobry al rabino Felipe Yafe en su programa “Voces y memorias”, que se emite por Eco Medios AM 1220 los martes a las 20, haga clic en los banners.

Una respuesta a ““La guerra fue una experiencia dolorosa, pero la más rica de mi vida””

  1. Que lujo escucharlo a Felipe con esa sabiduria y claridad que ha tenido durante tantos años, ha sido y es un referente cultural y social del Judaismo. Celebro que Hernan lo haya entrevistado. Saludos y felicitaciones. Un verdadero lujo en este momento de oscuridad.

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