Hernán Dobry

Historias y noticias

Bibliocritico

29 diciembre, 2013

La historia de un canciller con poco lustre.

Es difícil escribir la biografía de un personaje menor, poco trascendente y sin una historia épica o romántica en su vida y hacer que el lector no abandone el libro a las pocas páginas de haberlo comenzado. Haber vencido esta limitación natural es el gran desafío que tuvo que enfrentar el periodista Gabriel Levinas a la hora de encarar su trabajo sobre el canciller Héctor Timerman; y lo superó con creces.

Lo que lo muestra a lo largo de sus capítulos es cómo alguien que no tuvo ningún éxito rutilante en su carrera y siempre fue considerado “el hijo de Jacobo”, llegó a ascender hasta convertirse en el primer ministro de Relaciones Exteriores y Culto judío de la Argentina. Incluso, su padre lo despreciaba, al punto de que llegó a decirles a sus nietas que “la inteligencia salta una generación”.

Pero hay algo en lo que Héctor Timerman tuvo habilidad, y así lo muestra Levinas: en crear una historia personal (en su mayoría sobreactuada) que se acomodara al relato oficial kirchnerista para acceder a diferentes posiciones de poder, primero en el gobierno de Néstor y, luego, en el de Cristina.

En el libro, queda retratado como un converso que todo el tiempo fuerza al máximo su obsecuencia para mostrarse como el mejor soldado del modelo, para lo que reniega de sus propios orígenes y hasta el estatus social que supo conseguir a fuerza de herencia y matrimonio.

Así, el otrora periodista (llegó a dirigir el diario La Tarde en 1976 y la revista Tres Puntos en los ‘90, entre otros) maltrata a todo aquel que osa preguntarle algo que le molesta; el judío que come kosher, negoció el acuerdo con Irán durante el Día del Perdón, con un estado negador del Holocausto; el que prestó su casa para una cena con Cavallo, critica a quienes se vincularon con el economista, entre otros tantos ejemplos.

Sin embargo, Levinas, en su intento por mostrar la poca monta que tiene su protagonista, lo termina despreciando explícitamente una y otra vez (lo llama constantemente el pequeño Timerman), como si se estuviera cobrando una vieja revancha de cuando el canciller le pidió que no dijera que era su amigo y que no volviera a llamarlo más, luego de enterarse de que el autor había contado la relación que los unía en el programa “Lanata sin filtro”, por Radio Mitre, donde es columnista.

Más allá de esto, el libro permite al lector transitar la historia argentina de últimas décadas y, en especial, recrear la relación de la prensa con el poder tanto durante la última dictadura militar (donde los Timerman fueron importantes protagonistas, primero apoyando el golpe y luego como víctimas), como durante el gobierno de Carlos Menem, cuando volvieron al ruedo con la revista Tres Puntos.

“El pequeño Timerman” sirve no sólo para entender las actitudes, muchas veces bastante incomprensibles, del actual canciller (que ha ganado notoriedad gracias al personaje Timerpunk del programa Periodismo para todos, por canal 13) sino también para descifrar en parte la forma de gobernar del matrimonio Kirchner, su política de premiar a los obsecuentes y condenar al ostracismo a quienes le muestran la realidad o se oponen a alguna de sus medidas. Algo que el protagonista aprendió rápidamente.

Título: “El pequeño Timerman: Biografía de un canciller”
Autor: Gabriel Levinas
Género: Periodismo, Biografías
Editorial: Ediciones B
Páginas: 284

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