Hernán Dobry

Historias y noticias

Radio

3 mayo, 2021

“La música es el arte de ponerse de acuerdo”

La Argentina, por años, se caracterizó por ser un exportador eficiente de alimentos de los más diversos tipos. Esas ventas tuvieron ventajas competitivas y calidad superlativa, que favorecieron económicamente a su propia población.
Con el pasar de las décadas, el país agregó a sus exportaciones otras de no tan nobles beneficios, que enriquecieron arcas ajenas y empobrecieron al campo científico, tecnológico, deportivo y artístico.
Jóvenes de alta preparación de los diferentes rubros se han visto obligados a emigrar de continuo y, a veces, angustiosamente para poder desarrollar sus potencialidades fuera de las fronteras patrias, dado que el país le negó y sigue negando un futuro digno para lo que ellos han preparado.
Mariano Dugatkin es un promisorio pianista y bandoneonista que, actualmente, vive y se desarrolla en los Estados Unidos y que, ahí, siembra la música argentina con la dignidad de los mejores.

Mario Dobry (MD): ¿Qué significó para vos emigrar a los Estados Unidos y qué ganaste y que perdiste en ese proceso?
Mariano Dugatkin (MDU): Tenía un departamento muy lindo en la zona del Abasto, era un piso 25, vivía muy cómodo. Sabía que irme, ser inmigrante y tener que remarla de cero iba a ser difícil. Entonces, dije: “voy a probar, vamos a ver qué onda los EEUU”. Rendí libre cuarto año de Historia. No sé si fue Solís, Garay, algunos de estos que vinieron de sus orillas, había quemado todos sus barcos para que los muchachos no quisieran volver.

MD: Cortez.

MDU: Recordé esa historia y dije: “voy a poner en alquiler mi departamento, se lo dejo a mi vieja”. Había inquilinos y me fui para no mirar atrás. Tenía una novia que hoy es mi esposa. Desde el comienzo, intenté no mirar para atrás. Extraño porque son sociedades distintas. Extraño el tercer tiempo, encontrarse con amigos, charlar, salir, no estar mirando el reloj, disfrutar, la filosofía propia del intercambio mutuo. Acá, todo eso no existe, es una sociedad muy distinta para bien y para mal, donde el reloj rige. Cuando uno se encuentra a cenar a una determinada hora, no hay mucha sobremesa. Tiene otras virtudes: uno puede crecer con mayor facilidad que lo que podía hacerlo estando allá. en lo económico y en lo material, tener una estabilidad que me permita estar menos preocupado por tanto ruido alrededor. Acá estoy, construyendo una familia con mi esposa y de a poquito.

Hernán Dobry (HD): ¿Y a nivel musical cuánto te costó insertarse en la sociedad californiana?
MDU: Fue muy difícil. Soy pianista y bandoneonista. Mi primer instrumento fue el piano, desde muy chiquitos, mis hermanos y mi mamá, todos lo tocaban. Arranqué con el bandoneón para el año 2000 y tocarlo es como hablar sánscrito, es estar en algo que no tiene mucha demanda. Entonces en este sistema de oferta y demanda, uno compite con otros músicos y, por ahí, hay pocos bandoneonistas, pero hay poca demanda de bandoneones. No es que vivo por el bandoneón, disfruto tocarlo, lo hago en alguna película, en alguna serie de televisión, grabo para terceros, pero mi sustento no pasa por ahí, lamentablemente, me encantaría que fuera así. Cuando llegué acá a los EE.UU., conseguí un trabajo en una sinagoga como pianista y director musical y me dijeron “disculpame, pero no vamos a poder pagarte” y yo me había ido para ahí. ¿Cómo que no? Me dijeron que tenía visa de turista y no podía, viniendo de la Argentina les decía “bueno, pero lo podemos solucionar de alguna manera” y me dijeron que no. Entonces, vi qué conseguía y empecé a trabajar de cocinero, mientras tanto. Hoy por suerte me dedico a lo que quiero y amo, de a poquito construyendo.

MD: ¿Qué escalones fuiste desarrollando y haciendo en este camino de aprendizaje?
MDU: De muy chico, arranqué con una maestra de piano, primero copiando las cosas que hacía mi hermano mayor, Diego. Uno como menor quiere imitar muchas veces, Julián también tocaba el saxofón también. Arranqué tocando solo y Diego dijo: “pónganle una maestra porque el chico parece que es bueno”. Entonces, empecé a estudiar y a entusiasmarme con la audioperceptiva. Estudié con muchos maestros privados, tengo que agradecerles mucho a mis viejos la verdad. Primero con Violeta, después con Susana, Pablo Sacris, Abel Patrone, Santiago Jaquove, armonía con Manuel Juárez. Tengo una anécdota con él que es increíble. Mi madrina me dice: “¿por qué no estudiás con él?”. Me consigue su teléfono y lo llamo una, dos, tres veces. Estaba en tercer año del secundario y no lo podía conseguir. Le dijo a mi mamá: “llamalo vos a ver si con una voz femenina responde”. No pasaba nada. Me voy un día a la dirección que encontré en las páginas blancas de Buenos Aires y me siento en el umbral de un pequeño edificio de San Telmo a esperarlo. Nunca lo había visto en persona, solo imágenes en el diario. No lo veo, pasa todo el día y se corta la luz. Entonces el encargado me dijo “che, pibe, no te podés quedar acá”. Fui a buscar un encendedor y cuando vuelvo me dijo “sabés que acaba de llegar el músico que vos estabas esperando” y le pedí: por favor dejame pasar. Insistí y me dejó. Entré con el encendedor y fui al tercer piso. Cuando llego escucho el Himno Nacional Argentino en el piano, golpeó la puerta y sale alguien que no era Manuel Juárez, me pregunta quién era y me dijo que me iluminara la cara, lo hice con el encendedor. Era el hijo de Manuel, me pasó el número del padre que ya no vivía ahí. Finalmente, estudié cuatro años con él y tuve una relación muy linda.

MD: Sí Manolo te tuvo de alumno tenés que ser bueno.
MDU: A él le gustaba la comida judía y cada tanto me tiraba la onda si le podía llevar algo. Me quedaba todo el día con él, escuchando otras clases, ayudando. Después de ahí, vino Gabriel Senanes, estuvimos varios años, aprendí con ambos, cuestiones de la vida. Los dos fueron muy solidarios y buenos conmigo. Con Gabriel, compuse una pieza para violonchelo solo, que la tocó Carlos Niossi y le llegó a Alicia Tessien. Había arrancado en la carrera de la Universidad Católica, no me había enganchado mucho. Cuando la conozco a ella, me llama y me dice si podía hablar con el señor Dugatkin y le dije que mi papá había salido a trabajar, pero quería hablar conmigo. Tenía 19 años y me dijo que me quería ver ya mismo, me preguntó si me gustaría viajar a Cuba y me consiguió un curso que se daba a través de la UNESCO en 2000. Ahí, conocí a Iglesias Rossi, quien mandó esa pieza que compuse a distintos concursos, y ganó uno que otro premio, me dio una ayuda muy grande, fue muy generosa conmigo. Empecé a estudiar con Alejandro Iglesias Rossi, paralelamente fui haciendo la carrera en el IUNA y me recibí con la licenciatura en composición. Esencialmente, ese fue mi recorrido en lo académico. Después, aparecieron otros maestros de jazz y el bandoneón, que estudié primero con Rodolfo Dal Vicio, Rodolfo Mederos, Walter Ríos y con Julián Hasse, quizás el que mejor me orientó en cómo ser mi propio maestro y cómo estudiar el instrumento. Cada uno fue muy bueno y generoso conmigo.

HD: Venías diciendo que tu familia es muy musical, pero tu gran influencia fue tu papá, el era cantante de milongas…
MDU: Tal cual. Mi viejo era de Mataderos, el apellido Dugatkin era muy paisano así que se hacía llamar Dugan y Simón tampoco le gustaba así que se cambió a Rodolfo. Ese era su nombre artístico dentro de la música. Él tocaba un poco la guitarra y la flauta. Lo suyo era la escultura y las artes plásticas y, después, la pasión de melómano. Algo muy lindo que hacía mi viejo era poner un casete, escuchar un tema y después lo apagaba, porque había que ir de a poquito, como un bombón. Desde muy chico, me hacía disfrutar la música, jugar con qué instrumento suena, dejar y ahí ir con otro.

MD: ¿Cómo has podido organizar esa pasión de Buenos Aires, el tango a California y formar un grupo muy afiatado?
MDU: En Los Ángeles y en cualquier lado, ponerse de acuerdo es difícil. La música es el arte de ponerse de acuerdo. A veces, hasta encontrar horarios para ponerse a ensayar es difícil. La música no es articular sonidos sino poder encontrarse a ensayar. Estar con otro ya es difícil en cualquier situación. Nosotros encontramos el espacio, la casa del guitarrista, Dino, una especie de padre adoptivo mío acá en Los Ángeles, que fue muy generoso conmigo y tuvo mucha paciencia. Él volvió ahora a Buenos Aires, lo quiero mucho. Después estaba Matías, gran pianista que nos conocimos en el IUNA. Alan es un gran violinista, fue el primer violín de la Sinfónica de Portugal. Distintas personalidades fueron acercándose. Por más de que tengo la dirección musical y tomo la decisión final, mi manera es ponernos de acuerdo. En el disco “Tinto Plays Piazzolla”, en el día de la grabación Matias me dice: “mirá lo que toco en el piano” e hizo un acompañamiento muy lindo en do menor y le dije fantástico, tocá lo mismo en la menor y lo hacemos como introducción. Lo practicó y, al día siguiente, quedó como introducción. Mi manera de ser es escuchar lo que cada uno propone.

MD: He escuchado varios temas como “Revirado”, donde hay una buena introducción de piano, ¿el arreglo es tuyo?
MDU: No, ese es el original, solamente estoy tocando una cadencia al final. “Vuelvo Al Sur”, si es completamente mío, lo mismo “Libertango”.

Si querés ver o escuchar la entrevista completa que le realizaron Hernán y Mario Dobry al músico Mariano Dugatkin en su programa “Letras y corcheas”, que se emite por Eco Medios AM 1220 los jueves a las 22, hacé clic en los banners.

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