Hernán Dobry

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13 diciembre, 2019

“La música le ha dado sentido a mí vida desde que tengo uso de razón”

“Soy un agradecido a la vida porque me dediqué a hacer lo que amo, me fue bien y tuve suerte con muchos de mis proyectos”, afirma el saxofonista Bernardo Baraj en el programa “Voces y memorias” que se emite por Eco Medio AM 1220.
Al fundador de “Alma y vida”, le gustan los desafíos. Por eso, decidió dejar en un segundo plano, por un rato, los instrumentos con los que se hizo famoso y para dedicarse a cantar en sus últimos dos discos, algo que hasta ese momento nunca había hecho.
“Estoy muy contento con este último disco porque siento que con relación al primero hay un crecimiento en mi condición de cantante, en lo interpretativo. Es marcada la diferencia. En está cuestión tan autocrítica que tengo, que bordea lo autodestructivo, hay cosas que me gustan mucho – destaca -. A veces, escuchando con mi esposa le digo: esto me gusta. No el tema sino estas dos palabras, esas pequeñas detalles los siento como un logro expresivo, por lo menos, en mi concepción estética, en mi manera de ver”.
La diferencia entre ambos álbumes es marcada. El primero cuenta con arreglos para muchos instrumentos y todos los temas son de su autoría. En cambio, en “Tu alegre corazón”, la mayoría son tangos clásicos (más un homenaje a Leonardo Favio) y el clima es más intimista ya que se acompaña solo con el piano (que el mismo toca) o con un trío de guitarras.
“Lo fundamental en el arte es la emoción, tener la capacidad o la posibilidad de transmitirla. Afortunadamente, logré esa posibilidad expresiva con mis instrumentos de viento – destaca -. Me decía a mí mismo: Si tengo la capacidad de conmover a alguien con mis instrumentos, estudiando y logrando que mi voz se desarrolle y pudiendo trabajar la expresión, seguramente voy a poder llegar a esa otra instancia con el canto. Ya estoy logrando algunas cosas en este sentido. Siento que está bueno y estoy contento con esta nueva experiencia”.
Más allá del instrumento que se trate, ya sea el saxo, el clarinete, la flauta traversa, el piano o la propia voz, la música ha atravesado toda su vida, desde que tenía ocho años y empezó a estudiar con una profesora en Bernal, provincia de Buenos Aires.
“La música le ha dado sentido a mí vida desde que tengo uso de razón. Empecé de chico a tocar el piano, después de adolescente me volqué a los instrumentos de viento – afirma -. Me ha acompañado en toda la vida. Se ha convertido en mi modo de vida desde lo profesional, pero, además, en un lugar que tiene que ver con lo espiritual, con mi posibilidad de expresarme. Ha sido una cosa muy importante y lo sigue siendo”.
No es para menos. A los ocho años, cuando falleció su padre y su madre comenzó a enfermarse, los instrumentos se convirtieron en un refugio primero para un niño y, luego, para un adolescente que se volvió cada vez más introvertido, tras su mudanza a la ciudad de Buenos Aires.
“Hasta los ocho años, mientras vivía mi papá, mi infancia transcurría de una manera normal, feliz. Cuando murió, me quedé mucho tiempo solo u ocasionalmente cuidado por alguien, lo que me perjudicó mucho en distintos aspectos de la formación de mi personalidad y mi vínculo con el resto. Me afectaba mucho en la escuela, empecé el secundario y, de entrada, me llevé cuatro materias, al otro año me ocho y repetí. Me costaba mucho concentrarme y rendir, vivía una realidad no grata – concluye -. Cuando me encontré con la música y empecé a estudiar clarinete a los quince años fue una salvación. Me aislaba de la realidad que vivía. La música me acompañó desde un lugar que me fue grato, favorable, me sacó de ese lugar de adolescente conflictivo, tímido e introvertido y me puso en un lugar necesariamente de exposición y vínculo con la gente. Fue muy importante para mí”.
Bernardo Baraj integró grupos como “Alma y Vida”, “Sanata y Clarificación”, “Banda Spinetta”, el dúo Baraj-Barrueco, el trío Vitale-Baraj-González y el Quinteto Baraj. En 1966, fue contratado por Sandro para tocar en La Cueva.
Alberto Favero lo convocó para integrar su Big Band, con la que grabó la Suite Trane de Favero, en homenaje a John Coltrane. En 1969, el cantante y cineasta Leonardo Favio lo integró su banda.
Al año siguiente, formó “Alma y Vida” junto a Carlos Mellino, Alberto Hualde, Mario Salvador, Juan Barrueco y Carlos Villalba. En 1979, integró el grupo La Banda, liderado por Rubén Rada.
Luego, junto a Juan Barrueco armó un dúo que fusionaba jazz, rock, tango, candombe, milonga y bossa nova. En 1985, lanzó el trío Vitale-Baraj-González, con Lito Vitale y Lucho González. Seis años después, grabó juntos a sus hijos Mariana y Marcelo con su quinteto.
Entre sus principales discos, se encuentran “Volumen 1, 2, 3, y 4” y “Del gemido de un gorrión”, con Alma y vida, “Volumen 1 y 2”, con Sanata y Clarificación, “Sus primeras canciones”, con Alejandro Lerner, “La Banda”, “Nostalgias”, con el dúo Baraj-Barrueco, “Bermejo”, con Dino Saluzzi.
También, grabó “El Trío”, con Vitale-Baraj-González, “Bernardo Baraj Quinteto”, “Almita, folklore raíz”, “Milonga borgeana”, con su quinteto, “Tangueando”, con Alfredo Remus y Juanjo Hermida”, “Tal Para Cual” y “Tu alegre corazón”, como solista.
Para revivir la entrevista que le realizó Hernán Dobry al saxofonista Bernardo Baraj en su programa “Voces y memorias”, que se emite por Eco Medios AM 1220 los martes a las 20, hacer clic en los banners.

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