Hernán Dobry

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27 diciembre, 2021

“Las vías del tren fueron una inspiración constante”

Entre los instrumentos musicales que palpitan sus notas al ritmo pulmonar de un fuelle que respira sonoridad armónica, el acordeón en sus múltiples facetas es sin duda alguna orgánicamente la continuidad cultural del pecho que lo contiene, de los brazos que lo cubren, de las manos que lo acarician.
Este embeleso enamorado hace de sus cultores la figura mítica de los amantes regocijados y atrevidos de la sensibilidad hedónica. En la antropología de nuestra música del litoral profundo, encarna la voz cultural del habla, conjunción simbiótica de una raza, de un pueblo, de una música.
Hernán Crespo es un joven e inspirado acordeonista de vuelo mayor que logra extraer de este instrumento una multiplicidad de melodías, con las que ha llevado al chamamé a una nueva dimensión sonora.

Hernán Dobry (HD): ¿Cómo surge el chamamé en tu vida siendo de Haedo?
Hernán Crespo (HC):
Lo que me fue llevando a la música del litoral fue el acordeón, el instrumento. Al tomarlo y empezar a explorarlo y sacar algunas melodías, naturalmente se empezaron a aparecer células rítmicas de lo que después me di cuenta de que era el chamamé. En el momento, de chico, no lo sabía. El fuelle mismo, por su estructura y su morfología me fue llevando a generar esos sonidos. Después, me puse a investigar un poco esos colores y descubrí que era la música de esa zona del litoral. Entonces, a mis oídos, llegaban cosas de Antonio Tarragó Ros, que por ahí escuchaban mis viejos, pero cuando me puse a investigar lo primero que descubrí fue de Raúl Barbosa y al Chango Spasiuk. Luego, empecé a explorar para atrás y pasé por Antonio Tarragó Ros, por el padre, por Tránsito Cocomarola, Montiel, Isaco Abitbol, los grandes cultores del género y los pioneros. Hice un camino a la inversa. Lo que me inspiró y me fue llevando fue que, de repente, empezaron a aparecer esos sonidos de tocar el acordeón.

Mario Dobry (MD): Cuando uno asume un instrumento, tiene una idea cabal de lo que quiere con él. Si bien acerca la música, en el ámbito de la Argentina el acordeón, fuera del litoral siempre ha sido un instrumento contemporizador de reuniones, pero no acabadamente de ninguna estructura local, sí europea. Si uno va a ser cultor suyo te remite a la música del litoral, así que el ámbito de trabajo te llevaba directamente a ese lugar.
HC:
Claro, es donde más está difundido el uso del acordeón, que es un instrumento muy versátil y, como bien dijiste, se puede escuchar en todas las músicas populares del mundo. Aparece muy claramente en la música gallega, sobre todo en Italia, por ejemplo, en las tarantelas. Además del chamamé también se toca en el sur de Brasil y en su música popular y en Austria y Alemania. En todos los países, aparece el acordeón para manifestar la música popular. Acá, había alguno que otro en el norte que toca la música de esa zona con el acordeón o está Guido Patriarca, un gran acordeonista que es muy hábil, que ha hecho muchas músicas. Pasa que en el tango está el acordeón muy oculto por el bandoneón. Entonces, lo que queda y asoma a la luz es la música del litoral.

HD: Teresa Parodi decía que se inspiraba en sus tierras, en el agua y en los paisajes de su Corrientes del cual se había ido en 1979 ¿Cómo hacés para inspirarte y que suene tan de Corrientes una música de un lugar en donde no viviste nunca?
HC:
Ligar tanto una música a un lugar, por ejemplo, el chamamé, si bien donde más se lo toca es en Corrientes, es una música de todo el litoral, de Misiones, Entre Ríos, Santa Fe y de zonas de Brasil, Paraguay. Entonces es una zona bastante más grande y, además, en los últimos años, por las tareas de los músicos de a poco va creciendo y abarcando otras zonas. Esto hace inevitable que la escuché otra gente y que, como me pasó a mí, desde otro lugar uno la escucha y se enamora, la toca y pasa a ser parte de un lenguaje propio para expresar las sensaciones y las vivencias de cada uno. Por ahí, no estás ligado con las orillas del Río Paraná, pero acá en la ciudad de Buenos Aires y en la provincia, tenemos también nuestros paisajes que se pueden asemejar en cuanto a lo poético y en lo que tiene que ver con las historias. Desde chico, viví en Haedo, ahí no hay río, no hay montañas, pero tenés muy marcadas las vías del tren Sarmiento, un poco para mí las vías del tren fueron eso, una inspiración constante. También, pasa con el río, es algo que lleva y trae sus propias historias y gente que viaja ahí, los trabajadores que van y vienen, los que trabajan atendiendo los puestitos de cada estación, los vendedores ambulantes que están arriba del tren con sus pregones. Todo el tiempo generan una poética y una imagen muy particular. Además, unen en distintos lugares y separan en dos orillas. En este caso, la ciudad de Haedo y todas las que se van uniendo. Ahí hay algo, me pasé muchas horas de mi vida arriba de ese tren, yendo y viniendo, y compartiendo ese lugar con la gente. Eso generó en mí muchas cosas que fue lo que dio lugar al primer disco que se llama “Andén”, justamente.

MD: El chamamé tiene una impronta muy fuerte el baile. Un chamamé que no se baila es un poco raro. Debe ser la música popular más bailada de la Argentina, fuera de la de las bailantas. En vos, hay un inmenso caudal poético, además romántico, que nace más bien como si fuera de un romancero español, que se vuelca a cierta rítmica de chamamé cuando lo necesitas, incluso en algunas canciones. ¿Algo así hay en esta forma no sólo de verbalizar la música sino de instrumentarla?
HC:
Sí, claramente hay una búsqueda no tan bailable. Si bien hay algunos chamamés que se pueden bailar en mi repertorio, es una música más para escuchar por los arreglos, por la instrumentación. Si vos te fijas también lo que te nombraba antes, la música por ahí de Raúl Barboza o del Chango Spasiuk también no son tan bailables. Hay variantes en el chamamé, no así por ejemplo la samba o la chacarera, tienen una forma particular destinada a ser bailada. Cualquier persona que sabe cómo se baila una chacarera ya tiene la estructura y entonces, aunque sea la primera vez que la escucha ya sabe cómo va a ser y lo que tiene que hacer, hay una estructura marcada coreografiada que se respeta a rajatabla. En cambio, el chamamé, en ese aspecto, cuando se baila es una danza libre, que permite que pueda ser bailado o no, porque si la hace un poco más lento y pasás a otros lugares, el bailarín se queda pagando. Me ha pasado que arranca un chamamé de los míos, que son más rapidito y la gente se levanta instintivamente a bailar y digo: “Uy ahora va a venir la parte del medio que baja todo y ¿qué van a hacer estos tipos que están bailando?”. Se quedan medio ahí haciendo tiempo, tratan de moverse un poco e, igual, enseguida después vuelve al cauce natural y se levanta. Hay una búsqueda de transmitir otras sensaciones y sobre todo desarrollar unos colores con los arreglos de cuerdas que salen un poco de la dinámica bailable. Me gusta eso y no está buscado: “Bueno, voy a hacer esto para bailar”. Se da naturalmente.

Si querés ver o escuchar la entrevista completa que le realizaron Hernán y Mario Dobry al acordeonista Hernán Crespo en su programa “Letras y corcheas”, que se emite por Eco Medios AM 1220 los jueves a las 22, hacé clic en los banners.

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