Hernán Dobry

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11 mayo, 2020

Liliana Escliar analiza su último libro “Tumbas rotas”

Estaba todo listo para el lanzamiento de su tercera novela, “Tumbas rotas”, cuando la cuarentena paralizó toda la vida cultural y económica del país. Su autora, Liliana Escliar, se lamenta de su mala suerte, pero se reconforta cuando explica las razones que la llevaron a escribir la saga de “Los motivos del lobo”, con la que nació su investigador, Daniel Parodi, pero también su criminal serial.
En una entrevista exclusiva con el programa “Letras y corcheas”, que se emite por Eco Medios AM 1220 los jueves a las 22, cuenta algunos detalles del segundo episodio de este policial y adelanta sus planes de trabajar en una tercera parte.

Mario Dobry (MD): Sentí que la novela trasunta en El proceso, esas cosas donde a uno lo acusan y busca y busca o en El castillo, que lo tratan de llevar y todos se le va interponiendo en el medio y no puede llegar y no sabe por qué y el otro nos sabe por qué lo hicieron así. En esta novela, que ya lleva dos libros, es lo mismo. Por momentos, es asfixiante, porque uno quiere saber lo que ya sabe, pero que el personaje no logra saber jamás. ¿Es así Liliana o estoy errado?
Liliana Escliar (LE): No, tal cual. Me llama la atención que pienses en una novela en dos libros. Es la primera vez que lo oigo y me resulta muy extraño. La hipótesis que a mí me resultó más interesante era qué pasa si te sucede esto: que alguien te empiece a acusar y ni siquiera sabés quién es ni por qué. Esta cosa de convertirse, tal cual, en una víctima kafkiana. No lo había pensado en esos términos, pero es tal cual. Muchísimas gracias por esa lectura.

Hernán Dobry (HD): Una cosa que me llamó mucho la atención es que, en general, la novela policial tiene un enemigo, alguien al que hay que atrapar, una persona, pero en tus dos novelas, que no la tomo como una sola sino como una saga, no sé si del criminal o investigador, porque no sabés quién es. ¿Quién es el lobo? ¿Cómo es?
LE: A mí lo que me gustó de hacer esto es que el Lobo es tan elusivo, es la suma de todos los males, casi mucho, es un malvado excesivo. Me interesaba la idea de los secuaces, de los malos necesarios, de los corruptos. Lo que desgasta del Lobo es que son reales. Uno piensa que se comete un pequeñísimo acto de corrupción como sucede en la segunda novela, que no pienso spoilear, y no pasa nada. Y pasa mucho. Cada pequeño gesto de maldad genera un efecto mariposa. Por eso, el Lobo es como el supra mal, y los demás son sus socios, son los otros. Yo sí sé quién es el Lobo, no lo voy a contar.

MD: Al personaje lo llamaste el Lobo. La palaba lobo y el Lobo tienen particularidades. El lobo es alguien que ataca a su víctima, pero siempre en jauría, no va solo. Acá, tiene un montón de personajes que van al ataque, que es lo que hace el lobo, porque no es un ser individual, que ataca solo a la víctima y la mata. Y la segunda cuestión es que el lobo a lo largo de la novela una de sus actividades, por atrás, es la prostitución y el prostíbulo Los Tilos. Prostíbulo es lupanar y lupanar es lobo. El Lobo es el jefe del lupanar que es su negocio. ¿Hubo algo de eso en tu pensamiento cuando le colocaste el nombre?
LE: Eso y el poema de Rubén Darío, sobre todo porque cuando empecé a pensar en el Lobo, pensé en el medioevo, creo que era en los Alpes, que había un personaje que domesticaba a un lobo macho alfa y con él extorsionaba a sus vecinos, a los granjeros. Era una especie de capo mafia que, en lugar de armas, tenía un lobo. Los extorsionaba y les decía: si no me pagás te suelto el lobo. Eso fue lo primero que empecé a trabajar y, después, sí, la idea de jauría, de un macho alfa que la domina, y los prostíbulos. Me encanta que alguien se haya dado cuenta, porque, en general estas cosas pasan tan desapercibidas, en un nivel que no es leído.

MD: Ningún escritor regala los nombres de sus personajes porque sí. Si los pone es porque algo significan para él. Más el título de la novela, esas cosas no se regalan. Otra de las cosas que me pareció es que es una novela de Estado, del Estado como nación. Hay muchas cosas de nuestra historia particular como Estado. Por ejemplo: las tumbas que cuando se abren los personajes son otros y escapan y los escondieron en otro lado. Es como si el Estado fuera el Lobo, ocupado por los diferentes gobiernos que forma el Estado que es el que somete a la población a sus arbitrios. Ese lobo que mata a una persona, Eva Perón, por ejemplo, que termina siendo enterrada en distintos lugares, las manos de Perón, que desaparecen. Lo vi como un paralelo a nuestra concepción de Estado como argentinos. ¿No sé si algo de eso te parece o son elucubraciones mías?
LE: No hubo intención de plantearlo así, de ninguna manera. Igual, creo que el libro se completa cuando el lector lo toma, lo lee y lo analiza. Pero, desde que nací, hace sesenta años, vivo en un Estado que es bastante necrófilo, eso necesariamente te atraviesa. Soy Argentina, en un Estado necrófilo y soy judía en un país en el que suelen profanarles las tumbas casi como deporte. Entonces, el tema de lo que es una tumba profanada, de las manos de Perón, de los desaparecidos, aunque no haya sido intencional, obviamente te atraviesa a la hora de escribir esas cosas, porque uno escribe desde lo que es, desde lo que vive, y hasta con lo que come.

Si querés ver o escuchar la entrevista completa que le realizaron Hernán y Mario Dobry a la escritora Liliana Escliar en su programa “Letras y corcheas”, que se emite por Eco Medios AM 1220 los jueves a las 22, hacé clic en los banners.

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