Hernán Dobry

Historias y noticias

8 octubre, 2017

“Los Derechos Humanos son un mandato judío”

“Cuando las Madres de Plaza de Mayo vinieron a quejarse de mi trabajo, dije: No hay nada más que pueda hacer aquí”, afirma el rabino Roberto Graetz en el programa “Voces y memorias”, conducido por Hernán Dobry en FM Jai, 96.3 Mhz.

Graetz, quien está radicado en los Estados Unidos desde hace 25 años, recuerda que este reclamo se dio luego de que las Madres se enteraran de que él estaba informado a algunos familiares de desaparecidos sobre la muerte de sus seres queridos y les decía que ya podían decir kadish (rezo fúnebre) por ellos.

“Se lo dije sólo a aquellas familias donde tenía constancia por declaraciones que recibía desde el exterior. A la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH) llegaban testimonios de gente que estaba en el círculo de los desaparecidos y que vivía en España o Inglaterra. Declaran con quién estuvieron, qué pasó y dan nombres – explica -. Me vi en la obligación de llamar a los padres que aconsejaba y decirles lo que sabía”.

Su militancia en Derechos Humanos se dio en muchas variantes en el país, incluso antes de la última dictadura militar, y siguió desarrollándose en su paso por Brasil y los Estados Unidos, ya que considera que se trata de “un mandato judío”.

Por eso, aceptó la invitación para formar parte de la APDH ni bien le ofrecieron, ya que consideraba que esta institución era la única que carecía de identificación partidaria. “Quería participar en DDHH sin jugarme políticamente. La APDH era una coalición de partidos políticos y religiosos. Quería mostrarle a mi congregación y a la comunidad judía que este tema era importante para mí”.

Graetz nunca imaginó la labor que tendría que llevar adelante, atendiendo y asistiendo espiritualmente a los familiares de desaparecidos, visitando a los presos a disposición del Poder Ejecutivo en las cárceles. Pese al riesgo que corría, el ex rabino de Emanu-El sostiene que nunca tuvo miedo, aunque reconoce que vivió situaciones de incomodidad.

“Me ponía nervioso entrar en las cárceles porque no sabía cómo me iban a tratar o qué me iban a decir. Cuando iba a visitar a Jacobo Timerman a su casa me incomodaba la cantidad que había de policías alrededor del departamento”, señala.

Pese a no percibir ese miedo, la única vez que se sintió en peligro durante la última dictadura militar fue cuando el presidente de la Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas (DAIA), Nehemías Resnizky, lo llamó para informarle que su nombre aparecía en una lista negra. Unos minutos después, el adjunto de Derechos Humanos de la embajada estadounidense, Tex Harris le confirmaba el dato y, unas horas más tarde, estaba volando rumbo a los EEUU junto a su esposa e hija.

“Había una interna en las Fuerzas Armadas en la que la Marina quería hacer quedar mal al Ejército, que estaba en el poder, haciéndome daño a mí. Esto se resolvió a las cinco semanas y volví al país”, afirmó.

Fue durante ese viaje que empezó a decidir junto a su esposa dejar la Argentina y establecerse en Rio de Janeiro, donde la comunidad lo convocaba para ocupar el púlpito de la Asociación Israelita Religiosa de Rio de Janeiro (ARI).

En Brasil, siguió adelante con su labor en materia de Derechos Humanos, pero aplicado a los “meninos de rua”, los sin techo, jóvenes que no volvían a las favelas porque eran maltratados. “Eran miles de chicos que vivían en las calles y que había que apoyarlos y ayudarlos. Ese era el trabajo que yo hacía principalmente junto a ciertas influencias de la Iglesia Católica en esa época”, recuerda.

Con realidades diferentes, buscó adaptar este “mandato judío” y trabajar para quienes más lo necesitaban durante los años que estuvo al frente de Templo Isaiah en Lafayette, California. Allí, se focalizó en quienes tenían problema habitacional junto a una coalición de iglesias. “Ese esfuerzo hoy en día da techo a unas 300 familias que no lo tenían y que, sin esto, volverían a vivir en sus coches o bajo un puente”, concluye.

Graetz se graduó como licenciado en ciencia política y como rabino en el Hebrew Union College de Cincinatti, integró la mesa directiva de la APDH desde sus comienzos, tras haber regresado a la Argentina en 1974.

Estuvo al frente a la comunidad Emanu-El entre 1974 y 1981, de la Asociación Israelita Religiosa de Rio de Janeiro entre 1972 y 1974 y de 1981 a 1991 y, del Templo Isaiah entre 1991 y 2016, cuando se jubiló. En la actualidad, es miembro del North American Council de la World Union for Progressive Judaismo.

Para revivir la entrevista que le realizó Hernán Dobry al rabino Roberto Graetz en su programa “Voces y memorias”, que se emite por FM Jai 96.3 Mhz los domingos a las 12, hacer clic en el banner.