Hernán Dobry

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10 septiembre, 2021

“Me desnudo totalmente ante la directora y ella misma me va llevando”

Fernando Lúpiz está de vuelta en la calle Corrientes, como solía hacerlo en aquellos años ’80 y ’90 en los que brillaba como una de las principales estrellas de la televisión argentina, en donde protagonizó programas como “Matrimonios y algo más” o “Detective de señoras”.
Tras el regreso del teatro presencial, se incorporó en el elenco de “El cuarto de Verónica”, un thriller de suspenso, en la sala Pablo Neruda, del Complejo La Plaza. A diferencia de aquellos tiempos vertiginosos, hoy disfruta cada momento de esta nueva faceta de su carrera y del placer de volver a pisar los escenarios.

Hernán Dobry (HD): ¿Qué sentís cuando mirás para atrás y ves todo lo que hiciste a lo largo de tu carrera?
Fernando Lúpiz (FL):
Digo: la pucha son muchas cosas las que hice, algunas no es que las olvido, pero no las recuerdo siempre. La verdad que es bastante, son 45 años de trabajo en los espectáculos. Empecé de chiquito, pero me fui metiendo cada vez más, amando esta profesión. Patricia Palmer me llevó de la oreja a estudiar con Lito Cruz y, ahí, empecé a tomar otros valores y conceptos y empecé a entender esta profesión. Miro para atrás y es una maravilla, son muchas cosas las que hice y uno, a veces, todavía quiere seguir haciendo mucho, pero en la vida todo llega si uno pone las fuerzas y las ganas. Así, fue como me llegó a mí “El cuarto de Verónica”, es un hallazgo en mi carrera.

HD: ¿Qué implica este nuevo rol que te toca protagonizar?
FL:
Tal vez es el personaje que más me costó hacer en tan poco tiempo. Era mucha letra y era un toro. Me llamó Virginia Magnago, una excelentísima directora, los directores que nosotros queremos, esos que te van buscando lo más chiquito, lo más insignificante, te van dando tranquilidad. Encima estoy con Silvia Kutika, que la conozco hace muchísimo tiempo y hemos trabajado juntos, una excelente mujer y actriz, impresionante, está haciendo un trabajo magistral. Ahora, estoy inmerso en un rubro que acá, en la Argentina, no se daba mucho, que por lo general no se ve: el terror, el terror psicológico, el suspenso. Todo eso pasa en esta obra. Ira Levin hizo magia con la escritura, con el “Bebe de Rosemary” en cine, todos esos nombres nos caen y en el Paseo la Plaza nos están cayendo con el aforo lleno, una sala maravillosa como la Neruda. No lo puedo creer, ahora nos agregaron un día más, estábamos los domingos a las 20 y, ahora, vamos a estar a partir del jueves 26 a las 20:30. Vamos de a poquito, pero creo que esta obra da para mucho más. Además, está Toti Bengochea, una excelente actriz, que tiene 23 años y es hija de Alejandra Darín y Álex Benn, o sea que tiene mucha sangre actoral y, después, Adrián Lazare que está perfecto en el papel. O sea, somos los cuatro. Estoy viviendo algo que no lo puedo creer.

HD: ¿Qué sentiste en la primera función cuando te volviste a parar en el escenario?
FL:
Fue muy difícil esta obra para mí, me llamaron para hacer un toro en quince días. El toro es hacer el reemplazo de un actor que le pudo haber pasado algo, como el caso de Fabio Aste que se fue a hacer una serie en Uruguay para los Estados Unidos y, entonces, quedaba el papel libre. Me llamó Virginia Magnano y le respondí: no, basta de toro, porque te destruyen, no dormís, dormís con la letra, te levantás con la letra, estás en cualquier lado pensando en esa frase, ver cómo es la situación, la película. Me dijo: “por favor, lee el libro y, después, me decís que no mañana”. La llamé esa misma noche y le dije: lo hago, es para mí. Fui a ver la última función de Fabio Aste en el Teatro La Mueca, éxito rotundo, siempre lo llenaban. Es un teatro de Corrientes, muy lindo, pequeño, pero interesante. Me dijo: “vas a ver que todos se paran y aplauden de pie”. Lo viví, lo vi. Acá, pasa lo mismo, pero el teatro es mucho más grande. Luego, vinieron unas normativas de Salud y del Gobierno, se tuvo que parar, no había teatro que valiera, paramos tres meses y en quince días me había estudiado cincuenta páginas, cosa que no es muy agradable hacerlo de memoria. Hay que vivir el libro, un proceso que no tuve y sí mis compañeros. Entonces, los nervios estaban a flor de piel conmigo, no quería pifiar y venía pifiando en los ensayos. Tuvimos cuatro nada más, pero sabía que el día del estreno iba a estar bien. Y lo estuve. Cuando volví al escenario, sentí la felicidad de ir al teatro. Hay nervios, el actor por más que tenga mucha experiencia los tiene, de que salgan mal las cosas, que la luz, el sonido, que no se quede ningún compañero, que no te quedes vos. Esos son los nervios que te dan, no del público, al contrario, eso te fortifica. Es lindo escuchar el silencio, el murmullo cuando entran. Es como cuando te dicen “mierda” porque los carruajes dejaban todo sucio en la calle. Después, de eso el silencio absoluto. Esto es lo más parecido (voy a decir algo irreverente) al cine en teatro, es increíble, es raro. No inventé eso, alguien lo dijo, ya no me acuerdo. Parece cine, estás viendo una película y hay un silencio increíble, salvo los momentos de incomodidad que tiene el público o de sorpresa y esas cosas. Ahí, se mueve un poquito, pero en general hay un silencio total. Después, viene un aplauso que es maravilloso. Eso es lo que nos da la vida a los actores: poder sentir que lo hiciste bien y mejorar. Eso es lo interesante. Hoy ensayamos con Virginia, así que tenemos una continuidad con el tema de la letra, al ser pocos días, uno por semana y ahora dos, nos juntamos a pasar letra en un bar dos horas antes y lo hacemos tal cuál sin la acción. Más o menos la caminamos rápida, por lo menos con intención y todo eso para no pifiarla arriba, porque el público se merece el sacrificio del actor, que entregue todo y así lo estamos haciendo.

HD: Recién decías que tuviste quince días para estudiarte de memoria el texto como para salir a la cancha y se frenó todo. Después, estuviste tres meses parado donde pudiste profundizar en tu personaje y la obra. ¿Cómo lo trabajaste?
FL:
Esos tres meses para mí fueron muy difíciles, era como que me habían mostrado la zanahoria y me la quitaron. Acá está la zanahoria y, ahora, quedate tranquilo que va a salir dentro de un tiempito y fueron tres meses, fue mucho. Me dediqué a otras cosas que tenía que hacer y siempre soñando que iba a volver a hacerlo. Diez días antes, nos dieron el ok. Tuve que dedicarme a sentirme que era irlandés. Uno tiene ciertas mañas que ha aprendido en esta profesión, a vivir el personaje de alguna manera. Para mí, soy irlandés y me llamo Conrad y, también, soy Conrad el lacayo. Así, me hacía hacer Agustín Alesso, me hacía ir a comprar jamón a la despensa y tenía que enojarme con el tipo que me vendía las cosas, tener cara mala y todo eso porque el personaje era un drama y tenía que estar así. Esas cositas las tenemos y siempre las usamos. Me apoyé mucho en la directora. Hay actores a los que les gusta que los dirijan, a otros no les hace nada y ofrecen, pero yo me desnudo totalmente ante la directora y ella misma me va llevando. Me apoyé muchísimo en Virginia, que es una directora impresionante. Ella me ha hecho quedar bien con el personaje, se lo debo a ella y, también, a mis compañeros, que me regalaron su tiempo de ensayo, hasta el día de hoy que hacemos repasos. Hay muchas maneras de hacer teatro, pero hay un solo corazón.

Para revivir la entrevista que le realizó Hernán Dobry al actor Fernando Lúpiz en su programa “Voces y memorias”, que se emite por Eco Medios AM 1220 los martes a las 20, haga clic en los banners.

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