Hernán Dobry

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24 septiembre, 2017

“Me gustaría tener más tiempo para componer”

“Me siento un artista curioso, apasionado. No me quedo con lo que conozco”, afirma el multi-instrumentistas Marcelo Moguilevsky, en el programa “Voces y memorias”, conducido por Hernán Dobry en FM Jai 96.3 Mhz.

Este amor por la música se nota no sólo al tomar la cantidad de proyectos que lleva a cabo al mismo tiempo, sino que también se ve en su constante búsqueda por mejorar tanto en la ejecución como en el aprendizaje de nuevos ritmos e instrumentos.

“Nunca dejé de estudiar, por la persistencia cuando uno se encuentra que algo no le sale. En vez de sentirme ofuscado cuando algo no me sale, pienso mirá todo lo que tengo para aprender – afirma -. Siempre aparece un instrumento nuevo que me cautiva. Buey solo fue un espectáculo que hice solo con una loopera, después de años de dedicarme sólo a lo acústico”.

Así, sumó este nuevo instrumento a los numerosos que suele ejecutar en sus discos y conciertos, entre los que se encuentran el clarinete, clarinete bajo, saxo soprano, flautas dulces y traversa, armónica, duduk (flauta armenia), gaita y piano.

Su apertura y la experimentación le permitió incluso incursionar en estilos que diferían mucho de los que estaba acostumbrado durante su carrera. “Me tiré a la electrónica y me sentí muy a gusto. La música para películas que estoy haciendo las hago adentro de la computadora”, señala.

Para cine, Moguilevsky compuso la banda sonora de La cámara oscura, Esperando al mesías, Cabeza de Palo, Locos de contento, Sol de Otoño y Cohen vs. Rossi. También, lo hizo para teatro (Madame Butterfly, Extrañas Figuras, Casino dirigida, Locos de Verano, La Excelsa) y para espectáculos de danza (Como una cuerda, Nucleodanza, Arena y Agua, Ave de Ciudad, En órbita).

Desde hace ya unos años, está investigando sobre el ritmo, “la división del tiempo en partes diferentes”. “Estoy estudiando cómo el ritmo puede ser el generador de músicas y de ideas sonoras”, explica. Esto lo llevó a tener que estudiar matemáticas ya que las divisiones del tiempo en partes distintas produciendo polirritmias se convirtieron en una de sus obsesiones.

A la hora de componer, Moguilevsky se nutre de lo que vive cotidianamente ya que se considera una persona “permeable” a que la realidad que lo rodea le “entre y no esté con las defensas altas adentro del coche y con los vidrios cerrados”.
Las ideas suelen llegarle en el tiempo que le dedica a caminar por Palermo, cerca de su casa. “Camino mucho y ahí viene el ritmo y con ello los cantos y aparecen algunas ideas”, detalla.

Pese a esto y a que piensa “mucho tiempo del día en música” incluso cuando no está tocando nada, siente que no está “satisfecho con la cantidad” que ha producido. “Me gustaría tener más tiempo para componer”, dice.

Sin embargo, hace una década sufrió una saturación durante uno de sus shows que lo llevó a dejar de la parte creativa y grabar durante cuatro años, en los que “sólo cumplía con los conciertos y las giras”, al punto que analizó abandonar la música para siempre.

Durante ese tiempo, se volcó a la literatura, género en el que nunca había incursionado hasta ese momento. “La escritura en la música o en la literatura tienen un montón de parámetros parecidos”, afirma. Así, escribió dos novelas grandes y muchos cuentos chicos en forma “tan apasionadamente que no tenía ganas de tocar”.

“Le dediqué más tiempo a la literatura en esa época que lo que me recuerdo estudiando escalas y arpegios. Dejaba que vinieran esas voces en mi cabeza y me narraran – sostiene -. Mientras escribía me ponía a llorar porque me emocionaba lo que decía esa señora, que la había inventado yo”.

Lentamente, se fue reconciliando con los instrumentos y recuperando las ganas de tocar. Las letras quedaron a un lado y volvió a componer, a las giras con Quique Sinesi, con Juan Falú y con César Lerner.

Era su propio destino que lo perseguía y del que no podía escapar. “La música es muy fuerte, es un amor imposible que te agarra desde la panza y no te suelta. Me parece que nací con una música de fondo que nunca se apagó”, concluye.

Moguilevsky estudió Composición en la Universidad Católica Argentina (UCA), aunque nunca terminó la carrera. En la década del 1980, creó el Trío Comedia y además formó parte del quinteto Puente Celeste, Cuatro Vientos y Moguilevsky y los Acústicos.

Desde 2011, es director del área de Música del Fondo Nacional de las Artes y profesor titular de Lenguaje musical en Bellas Artes de la Universidad Nacional de La Plata y de Viento y laboratorio creativo en la Universidad de San Martín.

Grabó “Cinco” junto al Cuareim Quartet, que fue elegido Disco del Mes del Club del Disco, además de “Basavilbaso”, “Shtil”, “Sobreviviente”, “Alef Bet” y “Sefarad”, junto a César Lerner; “Soltando amarras”, “Sólo el río” con Quique Sinesi; e “Improvisaciones sobre folklore argentino” y “Semitas” con Juan Falú.

Moguilevsky lanzó “El viaje” con su banda Moguilevsky y los acústicos, “Buey Solo”, como solista y “Trío Comedia” y “Nubes”, junto al Trío Comedia y “Nama” “Pasando el mar”, “Mañana domingo”, “Canciones” y “Puente Celeste en vivo en Café Vinilo”, con Puente Celeste.

A su vez, recibió el premio Cóndor de Plata a la mejor música original de película, el Scattola Sonora a la mejor música original y el Diploma al mérito de la Fundación Konex.

Para revivir la entrevista que le realizó Hernán Dobry al músico Marcelo Moguilevsky en su programa “Voces y memorias”, que se emite por FM Jai 96.3 Mhz los domingos a las 12, hacer clic en el banner.

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