Hernán Dobry

Historias y noticias

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2 julio, 2021

“Me nutro de los fracasos”

“La gente como nosotros tratamos de ser lo más anormales posible, buscando en otra frecuencia o sintonía, un universo paralelo, porque ahí es donde pasan las cosas divertidas. Es cada vez más difícil salir de la normalidad y ser un anormal bien, creativo y buscador”, afirma el malabarista Ricardo Rodríguez Aldao, más conocido como Riki Ra.
Sin embargo, en sus shows callejeros en San Isidro, Punta del Este o cualquier otra plaza del mundo en la que se presente, este “comediante sin temor” logra cautivar a chicos y grandes con sus pruebas que incluyen cuotas de humor para todas las edades.
“Me encanta que en una parte los chicos se diviertan más y en otra los grandes. Además, cuando un padre ve a su hijo mostrando la risa y la pasa bárbaro, el chico no entendió y el padre se está cagando de risa y dice: ‘me estoy perdiendo una que está buena’. No trabajo pensando en los chicos o los grandes, van saliendo. Si bien los niños son algo fundamental, hice un montón de shows para grandes, que son los mismos porque a también les gusta jugar y reírse de tonterías – resalta -. Nunca concibo algo pensando: esto es para los chicos de jardín de infantes. No me gusta eso de hago teatro para niños. ¿Qué pasa? ¿No pudiste hacer para grandes y te quedaste ahí? Me burlo un poco de los que trabajan en ese sentido, de los municipios que buscan obras infantiles y los tratan como tontines”.
Si bien cada una de las pruebas que realiza están planificadas y estudiadas, le gusta jugar con la improvisación, tanto con los elementos que lleva en su valija de sorpresas, como con en el intercambio que tiene con el público. Esa es una de sus fuentes de inspiración para crear nuevas variantes para sus shows.
“El público es la medida principal en la preparación de los shows, la reacción que se produce cuando actuás. Muchas veces improvisás, hacés un intermedio, aparece algo que llamó la atención, dio risas, vuelvo y trato de retornar esa emoción, simular esa espontaneidad y aparente improvisación, pero ya sé que estuve por ahí y pasó esto – detalla -. Eso en lo que no es técnico, ya que los malabares se entrenan, no hay otra. Entrené mucho y hay muchos jóvenes que lo hacen mejor que yo, así que trato de ir por otros lados. Esto es lo difícil, hacer algo diferente. Es un trabajo hormiga que va creciendo, voy descubriendo nuevas ideas que me rondan y sobre eso trabajo. No tengo una metodología muy precisa porque son diferentes las pruebas y habilidades, unas más físicas, otras de escritura, musicales”.
Le gusta jugar con los límites, con el humor y el vértigo, que son los sello que lo caracterizan, al punto de que algunas de sus actuaciones han llegado a tener problemas con ciertos espectadores que se quejaron ante las autoridades de la municipalidad de Maldonado, Uruguay.
“La mayoría de mis quejas son en Punta del Este. Una vez, una señora se quejó de que Riki lanzaba objetos al público poniéndolo en riesgo. Para mí, era un atractivo, pero ella consideró que podía pegarle a alguien y ser peligroso. Incluso, en su denuncia puso: ‘además no le emboca’. Era lo que más bronca le daba. Me nutro de los fracasos, es más gracioso que no salga a que sea todo perfecto – resalta -. A raíz de la denuncia de la señora, lo dejé de lado. Eso me llevó a atar a la muñequita, para que no llegue al público, hacer todo el cuento y que quede colgando. En un ensayo, se me cayó el palo y medio me embocó y descubrí que era eso. Le agradezco a la señora porque si no, no lo hubiera encontrado. Eso le daba un cierre porque se cae el palo de cuatro metros y me emboca justo. Es como cuando se cae la pared y queda justo con la ventana abierta, una de super de payaso que salió de casualidad, forzado por el azar y las prohibiciones, es genial”.
Sus shows no sólo se caracterizan por las acrobacias o los chistes, sino porque, también, gran parte de los elementos que utiliza son fabricados por él mismo o producto del reciclado de objetos que va encontrando en su búsqueda por armar variantes de sus pruebas.
“Me encanta crear los aparatos que uso. Lo que vos fabricás no lo va a poder tener nadie, lo hacés a tu manera. Las mayorías de escaleras que hay son metálicas, la de equilibrio es un truco de circo. Entonces, subís, equilibrás y empiezan a pasar las cosas – resalta -. Lo entrené bastante y no pude lograr el equilibrio, si bien ando en zancos, no le dediqué el suficiente tiempo y no podía quedarme. Descubrí el artilugio de hacer que dos personas me sostengan con sogas, haciéndolo participativo y mucho más rico. Después, pararme de manos arriba es una de las habilidades de la escuela de circo, pero sobre una escalera de caña que no das dos mangos es una linda prueba, de las que me gustan, participativa, tiene muchos elementos”.
Si bien lleva más de treinta años actuando en la calle, sigue sintiendo una responsabilidad parecida a la que tenía cuando comenzó en 1992, pero al mismo tiempo continúa amando el trabajo en las plazas como en aquellos años.
“Me gusta la sorpresa de trabajar en la calle. Cuando llegás y dejás que pase algo, está genial y la recompensa es mucho mejor. Aún me da miedo y me emociono antes de salir a actuar. Tengo que seguir entrenando y tratar de mantenerme lo mejor posible para poder seguir haciendo todo esto lo más que pueda. Debo seguir adaptándome. Antes entraba haciendo un salto mortal y, ahora, no lo hago y no pasa nada – concluye -. Tengo 29 años de experiencia y puedo fracasar igual. Quizás no es tan sencillo o comprensible mi show y como es diferente puede asustar. Estoy gritando como un loco y, quizás, después de ir conociéndome recién se van enamorando. El principio siempre es más reticente. A medida que van cachando el código, empiezan a disfrutarlo. A mí, también me da vértigo y estoy jugando mucho a hacer que el público decida, darme una vuelta y preguntar: ¿con qué te gustaría que empecemos? Eso me saca de la rutina y genera una sorpresa”.
Ricardo Rodriguez Aldao, “Riki Ra”, se inició a los 18 años cuando conoció al director Agustín Alezzo y empezó a trabajar en teatro clásico y obras infantiles, hasta que decidió probar con las acrobacias y comenzó a estudiar en la Escuela de Circo Criollo.
A partir de allí, se volcó a los shows callejeros junto a Gustavo Silva y Pablo Guidice a partir de 1992. Dos años después, armó el grupo Los Malabaristas del Apocalipsis y se presentó en España, Francia, Holanda, los Estados Unidos y Bélgica.
A su vez, fue uno de los creadores del Instituto del Caos. Al margen de su profesión, se desempeña como vicepresidente de la Fundación Manuel Mujica Láinez, que cuida el legado y la memoria de su abuelo.

Para revivir la entrevista que le realizó Hernán Dobry al malabarista Riki Ra en su programa “Voces y memorias”, que se emite por Eco Medios AM 1220 los martes a las 20, haga clic en los banners.

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