Hernán Dobry

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9 noviembre, 2020

“Mi escritura está muy ligada a mi necesidad de subirme al escenario a plasmarla”

Son contados los casos de actores que a la vez son dramaturgos, directores y hasta productores de sus propios espectáculos y logran hacer todo eso a la vez con éxito y calidad. Mauricio Dayub es uno de ellos
En una entrevista exclusiva con el programa “Letras y corcheas”, que se emite por Eco Medios AM 1220 los jueves a las 22, explica cómo fue el proceso de creación de “Alguien como vos”, una serie de relatos que escribió y convirtió en videos, que también protagonizó.

Mario Dobry (MHD): Desde la obra El Amateur, que Luis Brandoni te dijo por qué no le ponías el ciclista, debo decirte que ayer hablaba con un amigo mío y decía que hoy te entrevistaba y me decía quién era, el que hizo El Ciclista… pero no se llama El Ciclista…
Mauricio Dayub (MD): En la memoria, quedó como El Ciclista y hubiera podido llamarse así lo que pasa es que El Amateur era un poco más amplio que El Ciclista en cuanto a que es amateur aquel que da todo a cambio de nada, que lo hace porque quiere, porque ama hacerlo. Tal vez, el ciclista era más reducido a alguien que anda sobre una bicicleta. Por eso a mí me gustó más el título de El Amateur que El Ciclista. Tenía esa otra profundidad.

Hernán Dobry (HD): Ahora, siempre estás lidiando con el equilibrio, porque el ciclista vive haciendo equilibrio y, después, hiciste El Equilibrista. ¿Qué implicancia tiene para vos eso de estar haciendo equilibrio?
MD: Te diría que son dos casualidades, en este caso. Lo que sí es un lugar común en mí o en mi teatro, que busco siempre contar a través de la expresión física. En ambos casos, el esfuerzo físico personal, el aprender a entrenar como los ciclistas de alto rendimiento arriba de un rodillo frente al público para poder dar la sensación a través del esfuerzo físico y de la transpiración que era capaz de batir un récord, se parece al de animarme a subirme arriba de una cinta y mantener el equilibrio casi por encima de la cabeza de los espectadores. Siempre me gustó el actor que no solo dice o cuenta, si no el que a través del cuerpo lo puede mostrar, para finalmente, y esto lo he perseguido siempre, hacerle imaginar el espectáculo al espectador. El gran valor del teatro es ese: lograr que el espectáculo transcurra en la imaginación del espectador.

MHD: Por lo que he leído de tu literatura, tu arte y tu teatro, siempre es corporal. En la literatura, hay muchísimas líneas de escritura: la ficción, el cuento, la dramaturgia, pero la tuya siempre la sentí como corporal, o sea, escribís para actuar, no sé si está de acuerdo…
MD: Sí, de hecho me costó considerarme autor. Recién después de mi tercera obra, sentí que se podía decir que yo también era un autor, porque siempre le tuve mucho respeto a los grandes dramaturgos y todavía creo que soy a medias, porque no sería capaz de escribir algo a pedido o algo que yo no fuera actuar, no lo he hecho. Todavía siento que lo puedo hacer, porque sé cómo lo voy a poner en escena después, porque es una necesidad de actuarlo. Te diría que mi escritura está muy ligada a mi necesidad de subirme arriba del escenario a plasmarla.

HD: Hace un tiempo lo entrevistamos a Claudio Tolcachir en el programa y él decía que había empezado a escribir para no tener que esperar a que lo llamaran como actor. Esa era una forma de tener su propia obra. En tu caso, ¿cómo se dio?
MD: Exactamente igual. Mis comienzos fueron descubriendo que yo le era muy indiferente al otro. Lo que más me costó fue llamarle la atención al otro, que creyera que podía ser actor. Trabajaba de boletero, se reunían en una mesa a centímetros mío productor, director, armaban un proyecto, un elenco, necesitaban un protagonista de mi edad, con mi aspecto, con mis años, yo tosía, pasaba una, dos, tres veces, y no lograban mirarme para decirme: ¿si lo convocamos a Mauricio para que lo haga? No sabía qué hacer para eso. Cuando me empezaron a convocar, después de mis primeros trabajos, era para hacer cosas infinitamente menores a las que ya había hecho y no entendía eso. Pensaba que la carrera del actor tenía escalones, que uno hace un papel chico, después otro un poquito más grandes, y después un poquito más y cada vez iba creciendo su responsabilidad para poder alcanzar un protagonista. Cuando hice mi primer protagónico, que fue la historia de Miguel Hernández, en un espectáculo que se llamaba Compañero del alma, en el Teatro de la Campana, con dirección de Villanueva Posse, que tuve la suerte que me nominaron para el premio María Guerrero y un montón de cosas que fueron de una gran apertura, sentí que ahí me empezaron a ver algunos. Lo que le siguió a eso era un personaje que no hablaba en el Teatro Presidente Alvear, lo otro que me ofrecieron un papel chiquitito en un espectáculo muy inferior al que acaba de hacer y empecé a quedarme sin trabajo y a quedarme afuera del oficio, porque no aceptaba esa continuidad. Ahí, me di cuenta de que tenía que tratar de escribir algo a la altura de lo que sentía que era capaz de hacer, para poder continuar con esos escalones que la profesión no me brindaba. En ese sentido, me siento identificado con lo que decía Tolcachir, se parece bastante.

MHD: Cuando el autor de una obra es el actor que está solo en el escenario, a veces constriñe su figura a lo que se llaman los actores de ficción, que hacen obras entre mucha gente. Eso, si bien te enalteció, también provocó que uno quede encasillado en una temática y hace que los demás no vean las virtudes que posee para muchísimas cosas. ¿No pensás que eso también ocurrió a posteriori de haber montado la primera obra tuya?
MD: Sí, incluso yo admiraba muchos actores y un día me di cuenta de que los admirados porque creía que podían tener un registro mucho más amplio que el mío, en el sentido de estar en un elenco grande, interactuando con muchos actores, escuchando muchas voces, haciendo un autor universal. Empecé a ceñirme mucho a las palabras que yo mismo podía escribir, al tipo de proyecto que yo mismo podía producir. De hecho, mis tres obras son de dos personajes: El Amateur, Adentro y el Batacazo, que escribí completas y produje y alguna dirigí son un yin y un yang, son dos roles opuestos que construyen totalidad por oposición. En esa forma de actuar, me desarrollé. Es muy distinto ser parte de un elenco de muchas voces donde se van turnando los momentos. Nunca salí del escenario en ninguna de las tres obras, mantenía la atención constante y el rol iba de punta a punta. Es probable que eso límite la mirada del otro, puede ser.

Si querés ver o escuchar la entrevista completa que le realizaron Hernán y Mario Dobry al dramaturgo y actor Mauricio Dayub en su programa “Letras y corcheas”, que se emite por Eco Medios AM 1220 los jueves a las 22, hacé clic en los banners.

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