Hernán Dobry

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16 julio, 2021

“Mi sello particular es el sonido de la voz”

Patricia Sosa no para. Durante la pandemia, compuso decenas de temas nuevos, de los que grabó un par de videos (“Algo nuevo llegará” y “Sigo aguantando”), escribió una obra de teatro que presentó en un concurso y preparó y realizó dos recitales vía streaming, desde el auditorio de su escuela de canto “Templo de la voz”.
En el último, que se llevará a cabo esta noche a las 21, no sólo repasará los clásicos que la han acompañado durante toda su carrera, sino que, además, buscará darle un toque especial, acorde a los tiempos que se viven. “Este show lo planteé de otra manera. Me puse a pensar en qué quiero como espectadora: comunicación afectiva, si no te puedo abrazar con mis brazos lo tengo que hacer como mi voz”, resalta.

Hernán Dobry (HD): A la hora de armar un recital debés hacer revisar lo que has hecho a lo largo de todos estos años ¿te sorprende cuando mirás todo el camino que recorriste?
Patricia Sosa (PS):
Es qué es mucho y uno se pone a pensar que todo fue, pasó y se hizo con sacrificio, humor, rabietas. A veces, nos iba bien y otras mal. Es toda una vida muy linda e intensa. Soy lo que soy porque fui lo que fui. No canto canciones que no me gustan, alguna vez lo hice y me arrepentí. Una vez grabé un tema espantoso que se llama “Alas de libertad”. Lo compuse y era horrible y le dije a Oscar [Mediavilla] que no lo pusiera y me respondió: “no, es lindo”. Pensé: poné lo que quieras, total no lo voy a cantar en mi vida. Llegué a Venezuela y el hit era “Alas de libertad”, tuve que cantarlo 15 días seguidos. Ahí, dije: “nunca más voy a grabar un tema que no me guste”. Uno nunca sabe para qué lado van a ir las canciones y tiene que poder respaldar para toda la vida lo que hace. Entonces, hay cosas que no las hago nunca más.

HD: ¿Cómo es tu proceso creativo?
PS:
A veces me siento a escribir, tengo muchos relatos cortos. Me gusta mucho el cuento y, de ahí, se me dispara una canción, agarro la guitarra y empiezo a darle forma. Otras, sale entero lo que dura el tema, como en el caso de “Aprender a volar”. Eso se llama composición asistida, porque estás siendo asistido por maestros, escribís rápido. Tengo muchos así y otros te los da el laburo. Soy de escribir mucho, tengo como cien cuadernos con frases y me pongo a mirarlas y algunas son disparadoras. También, las circunstancias por las que uno pasa, los momentos de alegría o no. Todo depende, pero, también, ponerse a componer es decir: a ver que me sale hoy, qué tengo para contar. A veces, no tenés nada para decir y te salen cosas igual, pero en otras, tenés mucho y se notan los picos de inspiración en la creación de una persona.

HD: ¿Te sentás a componer como una rutina?
PS:
Cuando estoy trabajando para otros cantantes o para obras, trabajo todos los días. Tengo que entregar y, además, meterme en la fantasía de otro y saber cómo es el personaje. Cuando compongo para mí, ni se te ocurra que voy a sentarme todos los santos días. Que salga cuando tenga que salir. Por eso, no saco discos todos los años. Esta manera nueva de que salgan por temas, qué lindo es, qué suerte no tener que entregar un disco, maravilloso.

HD: Es como volver a los orígenes, cuando salían los simples y después con ellos se armaban los discos…
PS:
El primer disco que me compré a los once años fue el simple de “La balsa”, con la plata que me ahorré del colectivo del colegio. Mi mamá me decía: “dejate de pavadas de comprar discos”. Nunca me había comprado uno mío, tenía los de ella, casi todos de folclore. Teníamos un combinado y escuché “La balsa” y me volví loca. Lo ponía una y otra vez, llamaba a mis amigas para que vinieran a escucharlo. Una amiga que vivía a la vuelta de mi casa tenía un Winco y lo sacaba a la puerta de la calle y poníamos el disco. Fue una infancia hermosa. Me iba a la calle Belgrano solo para escuchar los álbumes, había cabinas, pedía uno y me hacía la que querías comprar. Ahí, no aguanté más y me compré “El lado oscuro de la luna”, “Yes”, “Sticky fingers”, estaba enloquecida.

HD: ¿Con qué soñaba esa chica?
PS:
Ni loca soñaba con ser cantante. Cantaba porque sí, pero no se me ocurría decir que iba a ser cantante. Como mucho, jugaba a ser modista, mamá y tocaba la guitarra. Después, la cuestión de la música me aparece. Formamos el grupo vocal en el secundario a los doce años con cinco chicas de la escuela para salvarnos de Matemáticas. La música me venía a buscar todo el tiempo, no es que iba a en su búsqueda, eso está escrito. De repente, aparece Oscar en mi vida, tenía 16 años y él era un músico que tenía una banda y me enamoré. Empecé a hacer los coros y terminé siendo la cantante. Después, estudiaba arquitectura y me recibí de maestra de inglés, y como queríamos ganar unos mangos hicimos una banda que cantábamos canciones en inglés y organizábamos fiestas de estudiantes. ¿Viste dónde nadie te quiere escuchar y hay un grupo tocando? Eso éramos nosotros, música funcional en vivo. Compongo desde muy chica, escribo mucho y Oscar también y empezamos a juntar nuestras canciones y dijimos: “tenemos que cantarlas”. Ahí, formamos La Torre y ya me metí de cabeza, y supe que ese era mi camino.

HD: Has pasado por el rock, la música melódica, el pop y el folclore ¿cuál es el sello Patricia Sosa?
PS:
Tengo un color de voz diferente, es así es por una cuestión de contextura física y el grosor de las cuerdas. Como estudié mucho teatro e interpretación, me gusta mucho pisar las palabras, ir por el camino que te lleva la letra. Mi sello particular es el sonido de la voz. Doy dos notas y sabés que soy yo. Eso no se compra, se estudia para poder mantenerlo, agrandarlo, tenerlo sano al instrumento.

Para revivir la entrevista que le realizó Hernán Dobry a la cantante Patricia Sosa en su programa “Voces y memorias”, que se emite por Eco Medios AM 1220 los martes a las 20, haga clic en los banners.

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