Hernán Dobry

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10 abril, 2020

“No extraño bailar porque tengo un montón de otras cosas que me llenan el alma”

“Hice mucho más de lo que podía soñar, porque lo que logré ni siquiera lo soñaba”, afirma la ex bailarina y actual directora del Ballet Estable del Teatro Colón, Paloma Herrera en el programa “Voces y memorias” por Eco Medios AM 1220.
Y es que esa niña que sólo pensaba en la danza clásica jamás se imaginó que podía convertirse en la más joven en llegar a primera bailarina del American Ballet Theatre, con tan solo 19 años, en ser aclamada en los teatros más importantes del mundo y transformarse en una referente de su profesión.
“Miro ahora para atrás y me sorprendo de ver cómo una chiquita de siete años podía estar tan segura, focalizada – explica -. Los sueños fueron creciendo. Uno de ellos era entrar a la escuela del Colón, y lo hice a los 8 años. Admiraba a [Mijail] Barýshnikov y al American Ballet y lo veía como un mundo mágico”.
Esa seguridad la acompañó durante toda su vida, especialmente, en las decisiones más importante que tomó desde el día en que le pidió a su madre que quería aprender a bailar con zapatillas de punta hasta que anunció su retiro definitivo.
“Siempre quise bailar. Me encantaba, era pasión. Si estaba enferma me escapaba y me iba a las clases igual – destaca -. Cuando me ofrecieron el contrato del American Ballet, tenía quince años y acepté sin consultarlo con nadie. Después, llamé a mis papás y les dije: me quedo en Nueva York”.
Su carrera estuvo signada por esta seguridad que mostraba en su vida, pero también por la exigencia que se autoimpuso en busca de la perfección, en cada una de las funciones que le tocaba protagonizar en los principales teatros del mundo.
“Me retiré porque no me alcanzaban las horas en el día, porque para mantenerme hacía clases de pilates, de yoga, ejercicios y estiramiento y me levantaba a las 6 y seguía hasta la función – detalla -. Siempre fue una constante el querer progresar, de que uno nunca llega, al punto de que me retiré y nunca pensé que llegué. La carrera de bailarín no tiene límites, uno puede encontrar siempre una vuelta de tuerca”.
Esa autoexigencia casi la lleva a abandonar su carrera con apenas 23 años ya que sentía que había alcanzado tal nivel de perfección y las metas que otros artistas logran, muchas veces, a lo largo de varias décadas de trabajo.
“La carrera del bailarín es super difícil, envidiosa, pero jamás lo viví así. La competencia fue siempre conmigo, de cómo superarme. Nunca me importaron los otros – confiesa -. Después de bailar El Quijote en 1995 con Julio Bocca, dije: ¿cómo hago para superar esto? A los 19 años, pensaba cómo seguir cuando ya tenía la vara tan alta. Fue una presión muy grande. Por eso, pensé en retirarme. A los 23 años ya había hecho todo y me preguntaba: ¿y ahora qué? Fue como una crisis existencial”.
Una vez que comprendió hasta dónde había llegado, comenzó a vivir su carrera de una forma diferente, al punto de que sostiene que sus “últimos años fueron los mejores”, los que más disfrutó, “porque tenía seguridad” y “nada que probar”.
Sin embargo, llegó un momento en el que dijo basta y decidió colgar las zapatillas, porque no podía congeniar con las nuevas generaciones. Veía a muchos de sus compañeros pensando “más en subir las fotos que en el trabajo”, y al público “más pendiente del celular” que de lo que pasaba arriba del escenario.
“Me quería retirar joven para que quedara en mi memoria todos momentos lindos. No quería que me llegara el momento de no tener ganas de ir a clase o a ensayar. Deseaba mantener esa cosa de siempre querer – concluye -. Nunca bailé por el aplauso ni para ser el centro de atención. Lo hice porque me llena el alma. No me quedé con nada pendiente, por eso me pude retirar tranquila. No extraño bailar porque tengo un montón de otras cosas que me llenan el alma”.
Paloma Herrera comenzó sus estudios a los siete años con Olga Ferri y, luego, egresó del Instituto Superior de Arte del Teatro Colón. Recibió el Diploma de finalista en el XIV Concurso Internacional de Varna, Bulgaria, con sólo 14 años y, al año siguiente, fue contratada por el American Ballet Theatre, donde estuvo durante 24 años.
Se ha presentado con importantes compañías alrededor del mundo como el ballet New York City, el Kirov, el de Moscú, el de Tokio, el de la Scala de Milan, el Nacional de Cuba, el del Colón, el Nacional de México y el de New Amsterdam, entre otros.
Ha tenido roles estelares en obras como Don Quijote, Romeo y Julieta, El Lago de los Cisnes, El Corsario, La Cenicienta, La Bella Durmiente, Giselle, La Doncella de las Nieves, El Cascanaueces.
Desde 2003, es miembro como jurado del Artist Committee para el Premio a la Trayectoria Artística más importante de los Estados Unidos, el Kennedy Center Honorees.
Fue elegida entre los diez bailarines del siglo por la revista Cheer & Dance Magazine, como líder del milenio por la revista Time y la CNN y como uno de los 30 artistas que transformarán las artes en los próximos 30 años por el New York Times.
Desde el 8 de agosto de 2017, se desempeña como directora del Ballet Estable del Teatro Colón y ha publicado su autobiografía “Una intensa vida”.
Durante su carrera, recibió premios como el Gino Tani, el Konex de Platino, el María Ruanova, el Clarín y el The Immigrant Achievement. A su vez, fue nombrada Personalidad Destacada de la Ciudad de Buenos Aires y galardonada con el The Gold Medal On The Arts Award del John F. Kennedy Center for the Performing Arts.
Para revivir la entrevista que le realizó Hernán Dobry a la ex bailarina Paloma Herrera en su programa “Voces y memorias”, que se emite por Eco Mdios AM 1220 los martes a las 20, hacer clic en los banners.

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