Hernán Dobry

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29 agosto, 2018

“No hay que ser un fenómeno para ser campeón del mundo”

“Desde el primer momento en que me dediqué a boxear, supe lo que quería y cuando muchos pensaban que no podía llegar, no me importó. Siempre creí en lo mismo y tuve esa seguridad; nunca claudiqué”, afirma el ex campeón del mundo Marcelo Domínguez en el programa “Voces y Memorias”, por Eco Medios AM 1220 Mhz.
Su carrera estuvo signada por el esfuerzo y el trabajo, dos valores que considera claves para todo deportista, desde el mismo momento en que su madre “puso el grito en el cielo” cuando le dijo que iba dedicarse a combatir profesionalmente.
“Cuanto más me decían que no iba a llegar, más me sacrificaba por lograrlo, era lo peor que me podían decir, porque soy un tipo híper responsable – explica -. Cuando me retiré, mi técnico me dijo: ‘No vas a poder ser nada en el boxeo, porque vas a querer que los pibes sean como vos y como vos no hay: venías y te ponías a saltar la soga, te pedía que saltaras diez y hacías quince, siempre eras puntual. Te vas a dar cuenta que no son así y te vas a pudrir’”.
Domínguez basó su carrera, que incluye 41 victorias (22 por knock out), 7 derrotas y 1 empate, no sólo en su calidad como boxeador y la potencia de sus golpes, sino también en la dedicación con la que preparaba cada una de sus peleas. Esto le permitió convertirse en campeón del mundo crucero del Consejo Mundial de Boxeo (CMB) tras derrotar a Hakim Tafer, y a realizar, luego, cinco defensas exitosas.
“No hay que ser un fenómeno para ser campeón del mundo. Cuántos conocí de esos que nacieron para campeones y se quedaron a mitad de camino. Podés tener mucho de lo tuyo, pero si no lo cuidás, no llegás – resalta -. Es una gran mentira eso de que campeón se nace, los campeones se hacen todos los días; hay que ir criándolos, alimentándolos, fomentándoles el vicio y cuidándolos. Eso se hace día a día y es un sacrificio”.
Sin embargo, Domínguez señala que todo ese esfuerzo que realizó para llegar a ser el mejor de su categoría no le implicó un sacrificio, ya que se trató de un “placer” porque hacía lo que le gustaba.
“La palabra sacrificio la saqué de mi diccionario porque para mí el boxeo nunca lo fue. Lo sentía como una responsabilidad. Es el punto exacto donde tenés que comenzar a cuidarte después de un entrenamiento”, afirma.
Esta preparación incluía, además de sesiones de guantes y gimnasio, mirar horas de combates de otros boxeadores que grababa de una videoteca cuando trabajaba como cadete de una editorial.
“Las miraba en casa y así aprendí mucho cómo tipos como Marvin Hagler tiraban los golpes. Hasta la década del ‘90 éramos tipos con personalidad porque teníamos una forma de pelear – concluye -. Después el boxeo cambió mucho, ha perdido un poco esa mística porque se empezaron a copiar los peinados, las botitas, los pantalones, la forma de salir al ring”.
Marcelo Domínguez hizo 39 peleas en el amateurismo entre 1986 y 1990 (35 ganadas, 2 perdidas y 2 empatadas) y 49 como profesional (41 victorias, 7 derrotas y 1 empate) entre 1991 y 2006.
Ganó el título argentino crucero ante Néstor Giovannini y el mundial de la CMB contra Hakim Tafer. Realizó cinco defensas exitosas hasta que perdió en la sexta ante Juan Carlos Gómez.
En la categoría pesados se quedó con el cinturón latinoamericano tras vencer a Pedro Franco, y el argentino ante la Favio “La Mole” Moli. Se retiró en 2006 y volvió en 2013 ante Matías Vidondo quién lo derrotó.
En 2011, publicó el libro “El día que fuimos campeones” y dos años después fue declarado personalidad destacada del deporte de la ciudad de Buenos Aires. En la actualidad, dirige el Atlanta Boxing Club.
Para revivir la entrevista que le realizó Hernán Dobry al boxeador Marcelo Domínguez en su programa “Voces y memorias”, que se emite por Eco Medios AM 1220 Mhz los martes a las 20, hacer clic en el banner.

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