Hernán Dobry

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12 noviembre, 2021

“Nunca se me ocurrió otra cosa que estudiar Historia”

El apellido Romero es sinónimo de Historia argentina. Tanto el padre, José Luis, como su hijo Luis Alberto han sido y son dos de los referentes más importantes que tiene esa carrera en el país gracias a la prolífica bibliografía (libros, artículos, papers) que han publicado a las últimas ocho décadas, a lo que se suma las innumerables clases y conferencias que han dictado en esos años.

Hernán Dobry (HD): ¿Qué implica ser historiador en pleno siglo XXI en comparación a los años en los que le tocó formarse, a mediados del siglo XX?
Luis Alberto Romero (LAR):
Para empezar, una aclaración: la palabra historiador es increíblemente elástica, hay un montón de personas que declaran serlo, no tengo porque decir que no, pero dentro de ese sector, pertenezco a los historiadores profesionales. En este sentido, la gran diferencia es que cuando estudié las posibilidades de seguir trabajando en historia cuando me había recibido eran muy pequeñas: solo estaba la docencia. Cuando estudiaba había becas del CONICET, pero no orientadas a historia. Nosotros teníamos un becario y lo mirábamos con admiración. Ahora, por distintas razones, todo el sistema de becas, de subsidios y el universitario han crecido muchísimo. Para los historiadores que empiezan, hay muchas posibilidades de entrar al camino académico. Hoy se puede vivir de esto, no muy bien, pero se puede.

HD: Se lo preguntaba a nivel de abordaje ¿Cómo ha cambiado el estudio de la historia en esos años?
LAR:
Me formé un poco excepcionalmente en la primera mitad de los años ‘60, la famosa edad de oro de la Universidad de Buenos Aires, en un momento muy brillante de la carrera de Historia. Ese tramo, lo hice en lo que se conocía como la vanguardia. Luego, mi caso personal siempre fue distinto porque me formé viviendo con un muy buen historiador, no quiere decir que absorbiera todo, pero las cosas me sonaban. En esa época, el paradigma era lo que se llamaba la historia social, un intento de salir del monopolio de la historia política cronológica y basada estrictamente en los documentos, abrirse más ampliamente a la experiencia global de una sociedad: tratar de entender las relaciones entre la política, la sociedad, la economía y la cultura. Era la aspiración de integrar todo eso y que fuese en un relato. Por este motivo, era tan atractivo ese relato marxista, era una manera de integrarlo y daba lugar a muchas variantes. Después, la vida académica en Argentina tuvo interrupciones muy fuertes, entre 1970 y 1983. Cada uno se formó como pudo, algunos en el exterior, otros sobreviviendo aquí. Cuando volvimos todos a la universidad y a la investigación en 1983, ese paradigma de historia social que era muy atractivo empezaba a disolverse. Se habían desarrollado distintas especialidades, cada una de ellas con una lógica propia. La historia económica en primer lugar y, luego, la social se disolvió en infinidad de temas. Esto, por un lado, permitió un crecimiento, hacer historia de las cosas más inverosímiles, pero, por el otro, dejó preguntas sobre como integrar esto. Más recientemente, la historia política reapareció de una manera renovada, quedó sobre todo defendiendo la especificidad de lo político y no querer reducirlo a lo social, la lucha de clases, el estado, sino tratar de entender su especificidad. Esa idea de la posteridad casi te diría que ni siquiera existe como aspiración. La profesionalización exige que cada uno se ocupe a fondo de un área muy pequeña. A esto, agregale que los relatos, que tan importantes fueron en los años ‘70, ‘80, ‘90, entraron en crisis, fueron reemplazados por otros. Uno se pregunta mucho qué lugar ocupa eso en el relato total. Ese lugar que los historiadores profesionales dejaban vacío lo ocuparon otros relatos que no corren por el mundo profesional sino por fuera. Esto es una manera de satisfacer las necesidades básicas de una sociedad de que alguien le diga quiénes somos, de donde venimos, a donde vamos. Es una especie de repliegue de los historiadores muy característico de la Argentina. Este lugar que dejaron los historiadores ¿quién lo ocupa? El famoso relato, construido por sentidos comunes e ideologías acumuladas que no se preocupa mucho por si algo lo puedo probar o si las fuentes lo autorizan. Este es un problema que excede mi profesión, es político e ideológico de nuestro país.

HD: Durante la época del peronismo, sufrieron muchísimo por la carrera de tu padre y tuvieron que irse a Uruguay para sobrevivir ¿Por qué habiendo vivido todo esto elegiste ser historiador?
LAR:
Vivíamos con lo justo. Mi padre se quedó sin empleo en 1946 y estuvo tres años muy mal. En 1948, pasó algo maravilloso para la familia, la Universidad de Montevideo lo contrató y viajaba quincenalmente a dar clases allá con un grupo hermoso y le pagaban muy bien, sobre todo por la diferencia cambiaria. De modo que tuvimos cuatro años de esplendor hasta que en 1952/53 el gobierno peronista decidió restringir los viajes de la Argentina a Uruguay, donde se juntaban todos los antiperonistas. Entonces, esos años se volvieron muy duros.

HD: ¿Qué te atrajo para elegirla como tu profesión de vida?
LAR:
Mi padre no sufrió con su profesión, estaba demasiado convencido de lo que estaba haciendo y lo disfrutaba. De todos modos, es llamativo que aun sin empleos aprovechara el tiempo muchísimo, era cuando más producía. No sé porque elegí empezar a estudiar Historia, tengo claro que cuando comencé sentí que me gustaba, pero no recuerdo en qué momento lo decidí. Nunca se me ocurrió otra cosa que estudiar Historia.

HD: Al principio de la carrera te tocó Esther de Isaguirre como profesora y ahí dudaste de todo…
LAR:
El momento en el que dudé fue durante los primeros cuatro meses, porque teníamos un curso que era lectura de textos, muy lindo. Mi profesora era una persona de Letras y católica y la primera lectura fue el Libro de Job de la Biblia. Yo la tenía en la versión protestante y mis compañeros las católicas que eran grandes y llenas de notas explicando todo. La profesora daba una explicación que no entendía por qué estaba muy marcada por lo religioso. En esos meses, dudé qué estaba haciendo ahí. No podía entender dos palabras seguidas. Después, cuando pasamos a Sófocles me sentí más seguro y pude disfrutar. En ese momento, me convencí de que me gustaba la historia. También, me gustaba la música, pero me quedé con la historia.

HD: ¿Te hubiera gustado ser músico?
LAR:
Me hubiera gustado, pero estaba lejos de tener las habilidades mínimas para hacerlo, además me acordé tarde, pero me atraía mucho.

Para revivir la entrevista que le realizó Hernán Dobry al historiador Luis Alberto Romero en su programa “Voces y memorias”, que se emite por Eco Medios AM 1220 los martes a las 20, haga clic en los banners.

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