Hernán Dobry

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24 julio, 2020

“Pido que no se me borre la memoria para tener los recuerdos e imágenes de Andrea”

“La escritura me ha salvado y ayudado mucho, para mantenerme coherente, para tener ganas de levantarme cada día para vivir”, afirma Sofía Guterman, madre de Andrea, asesinada en el atentado a la AMIA en “Voces y memorias”, por Eco Medios AM 1220.
Sus cinco libros no sólo le han servido para descargar una pequeña parte del dolor que le significó la pérdida de su única hija, sino que, al mismo tiempo, se han convertido en un testimonio de la lucha por la verdad y la justicia. Sin embargo, en los últimos años ha dejado de hacerlo para dedicarse a redactar artículos para diferentes publicaciones.
“En la escritura, vuelco todo lo que siento. Todo lo que escribo lo hago en la habitación que era de Andrea – explica -. No volví a escribir más libros porque no hay novedades y si lo hiciera en este momento para hablar de la pérdida no sé si la gente tendría interés en leerlo”.
Sus primeros textos surgieron sin pensarlo, en la casa de su hija, adonde iba cada día y pasaba buena parte de la jornada. Allí, mantenía una especie de diálogo con ella, que se convertía en un monólogo que plasmaba en los textos.
“Después del atentado, me iba a su casa, abría las ventanas y cuando la cortina se mecía me daba la impresión de que retornaba la vida a ese lugar. Me ponía a esperar, al mediodía volvía a mi casa y después de almorzar me iba de nuevo y recorría el departamento, tocaba todas sus cosas y pensaba: ¿qué hago? ¿Qué me llevo a casa y qué no? – recuerda -. Todo lo que sentía en ese momento mientras estaba en la casa de Andrea lo fui escribiendo. Tenía un diálogo conmigo misma haciendo la parte de ella, pero como no tenía quién me respondiera, me respondía sola”.
La desazón por la falta de justicia e impunidad que se ha producido en estos 26 años, la han alejado de la literatura, pero no de la lucha por la memoria de su hija y de las 85 víctimas que fueron asesinadas en el atentado.
“No puedo inventar cosas que no sucedieron porque desde el juicio oral hasta ahora no pasó nada. A 26 años, toda esa esperanza enorme que teníamos al principio de que se esclareciera el atentado, sólo me queda la esperanza del tamaño de un cabello y ojalá que no se rompa. Daría la impresión de que cuando estalló la bomba en la AMIA, al mismo tiempo mataron a la Justicia”.
Desde que se llevó a cabo el juicio oral, en 2001, recibe llamadas anónimas que buscan socavar sus fuerzas, haciéndole creer que su hija aún está viva. Eso la desestabiliza, pero no ha logrado paralizarla.
“Hasta hace tres meses atrás me hacían acoso psicológico: sonaba el teléfono y cuando atendía me ponían grabaciones de una chica que lloraba, gritaba y decía: ‘mamá buscame porque estoy viva’. La última que me hicieron atendí y una chicha me dijo: ‘Hola mami’. Me di cuenta de que no era la voz de Andrea, pero me quedé dura porque hace tanto que no me dicen mami – afirma -. Cuando me hacen este acoso psicológico, salgo a la calle y empiezo a buscarla. Si veo a alguien parecido en el subte o en el colectivo, me paro para cerciorarme de que no es ella. Si bien la hemos sepultado y en la morgue nos dieron sus cosas que pudieron rescatar, a veces cuesta. Uno niega la realidad por más de que hayan pasado 26 años”.
A pesar de esto, saca fuerzas y sigue dando charlas en escuelas de la ciudad de Buenos Aires, el interior del país y el exterior en las que busca humanizar a las 85 víctimas y que, de esa forma, dejen de ser un simple número para convertirse, nuevamente, en personas, que tuvieron una vida, una historia.
“Antes trabajaba de psicóloga y me dediqué a dar charlas en escuelas y tomé la memoria como una forma de justicia. Llevo una mochila con 85 pequeñas historias de vida de cada uno de los que fallecieron – resalta -. Siento una gran responsabilidad, que estoy haciendo un trabajo sagrado, no por lo que hago sino por lo que llevo conmigo. Aunque todo lo que siembro no fructifique, aunque lo haga una mínima parte, durante 26 años creo que sembré bastantes semillas”.
A partir del 18 de julio su vida cambió para siempre. Ya nada volvió a ser igual, al punto de que abandonó los hábitos que tenía hasta ese momento y se volcó de lleno, a la lucha por el esclarecimiento de la causa AMIA y el castigo a los culpables.
“Uno tiene que aprender a convivir con esa mochila de pesar y dolor y simular que uno hace una vida normal, pero dentro de nuestra casa somos los padres desconsolados de Andrea. A partir del 18 de julio de 1994, distingo los colores, pero no tienen el brillo que tenían, ni siquiera el sol – señala -. No me sale cantar el feliz cumpleaños en las fiestas, y no me pierdo ninguna, por más de que quiera la gente. Lo mismo cuando cumplimos nosotros: con mi marido nos damos un beso, pero no decimos feliz cumpleaños. Es algo que desapareció de mi casa. Nos alegra cumplir un año más y estar vivos, pero al mismo tiempo siento como culpa de cumplir un año más y que ella se haya perdido tantos años de estar viva”.
El recuerdo de Andrea está presente en cada uno de sus actos y se ha tornado su razón de vida. Por eso, le sigue hablando y contando cada cosa que pasa en su familia, con sus amigas y cómo van creciendo sus hijos.
“Le hablo y le pido fuerzas para los dos, que me de más años, más tregua para seguir haciendo algo por las víctimas. Si me compro algo, paso por delante de la foto y se lo muestro y siempre le recuerdo que la amo. Pido que no se me borre la memoria para tener los recuerdos e imágenes suyas – detalla -. La sueño, pero no todas las noches. Es como que siempre la veo como después de mucho tiempo. A veces, de repente se esfuma, desaparece. Es duro despertarse, porque en el sueño la tengo entera. Arrastro la cupla de por qué le dije que fuera a la Bolsa de Trabajo de la AMIA. A medida que vamos envejeciendo, mi marido y yo, esa herida se profundiza. La extrañamos cada día y momento de nuestras vidas”.
Sofía Guterman es psicóloga y escritora. Formó parte de Memoria Activa en sus inicios y, luego, se unió a Familiares. Desde 1994, ha sido oradora en varias oportunidades de los actos de aniversario del atentado a la AMIA.
Tras el estallido de la bomba en la mutual judía, comenzó a dar charlas en colegios en todo el país y el exterior para mantener viva la memoria de las 85 víctimas que fueron asesinadas en la calle Pasteur ese 18 de julio.
En estos 26 años, ha escrito libros testimoniales y de poesía como “Más allá de la bomba”, “En cada primavera renace la alegría”, “Poemas del corazón al cielo”, “La Gran Mentira” y “Detrás del vidrio”.
Para revivir la entrevista que le realizó Hernán Dobry a Sofía Guterman, madre de Andrea, asesinada en el atentado a la AMIA, en su programa “Voces y memorias”, que se emite por Eco Medios AM 1220 los martes a las 20, hacer clic en los banners.

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