Hernán Dobry

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13 septiembre, 2021

“Prefiero una poesía escrita, aunque la lea en voz alta”

En los intrincados mecanismos del decir y transmitir información, el campo de la literatura es rico en variedad de géneros, por lo versátil y conjetural de esos mínimos expresivos que son los fonemas, que configuran a su vez las palabras.
Es en la poesía, como si fuera algo concreto, sin duda alguna, donde recae el complejo entramado literario, donde se manifiestan las ideas, los sonidos, las expresiones y las cadencias del habla.
Internarse en el vasto universo de la expresividad sonora del discurso para dibujar los contornos del decir artístico a través de la palabra y sus silencios, es obra pasional de esos mentores del pensamiento simbólico del habla, los poetas. Santiago Sylvester es un escritor, poeta, de dilatada experiencia en transmitir su fecundo sentido a través de la palabra escrita.

Mario Dobry (MD): ¿Qué diferencia notoria encuentran los poetas entre la palabra escrita y la dicha?
Santiago Sylvester (SS): Te has expresado perfectamente y casi estás dando en una tecla de la contemporaneidad. En los últimos cinco siglos, a los cuales a los cuales pertenezco, estamos en la era Gutenberg, irremediablemente me gusta la palabra escrita. Él inventó un sistema de producción fenomenal para la transmisión de la palabra escrita. Es curioso que la palabra escrita haya creado un problema hasta que llegó. Resulta que, ahora, estamos en una era distinta, que es la virtual, la de la palabra oral, y allí no es que haya desaparecido la era Gutemberg, pero está sufriendo modificaciones muy importantes. En este momento, hay muchísima transmisión a través de los medios de comunicación, de los festivales y encuentros de poesía, y la palabra oral está tomando un protagonismo bastante inesperado. A mí, me agarra un poco tarde la verdad, soy de la era Gutenberg, prefiero una poesía escrita, aunque la lea en voz alta, pero para mí. La cultura del espectáculo me perturba un poco en ese sentido, me gusta, sé que existe, y por otra parte, no solo me gusta, sino que tiene una tradición bellísima. El poeta arriba del escenario leyendo está bien, pero que no sea el protagonista central del espectáculo, sino la palabra y la poesía. En fin, es una especie de breve síntesis de lo que veo en este momento.

Hernán Dobry (HD): Sí, porque la poesía nace también oral, muchísimos poemas épicos que eran más orales que escritos…
SS: La Ilíada y La Odisea para empezar. Recién un siglo antes de Pericles, se ponen por escrito. Incluso, Platón tiene una carta en donde dice que la escritura de la filosofía va a hacer perder espontaneidad y sobre todo pensamiento, paradojal porque mientras decía eso escribió treinta libros. No hay que creerle mucho. Lo que pasa hoy no viene de esa oralidad originaria de toda la vida, sino de la cultura del espectáculo, que es muy contemporáneo. Es decir, el origen de la situación actual de la poesía oral no tiene que ver con el que estamos hablando, sino con el espectáculo. Hay algo de una necesidad de aplauso inmediato o de compulsar tal vez lo que se está escribiendo. Ahora, la poesía, que ha logrado una complejidad importantísima, del pensamiento, de formas, de revisión permanentes, ha ido creciendo y es gracias a la escritura, la oralidad me da la impresión de que lleva a un cierto facilismo oral. Con la oralidad no hubiera existido el soneto, el endecasílabo, que fue una lucha implantarlo.

MD: Incluso el poeta que escribe no saborea el verdadero sabor de como se dice la palabra, como se explica. Si uno dice la palabra “mamá”, no mira un fonema escrito, uno lo dice para sus adentros, incluso vos que sos salteño podés decirlo en forma salteña. Esa forma verbal también debe ser transmitida a la gente que lo escucha o que lo lee, porque si no estaríamos perdiendo el significante más importante de la poesía, que no es la idea, sino su sonoridad. Por eso los sonetos, y endecasílabos, quisieron reemplazar esa sonoridad con la rima, los silencios, con ritmo…
SS: Es cierto que el origen de la palabra es para comunicarse, es el origen mismo de la palabra. La palabra taza significa una taza, es su sonido, es así, es irremediable. No digo una queja, pero sí que la poesía escrita gana en una complejidad que a veces la oralidad no la tiene. Por ejemplo, si uno necesita el aplauso es muy difícil revisar las formas, que son dar siempre lo que el público pide. El peligro de la escena es el de la gauchesca, consolidar una forma que se repita en todos los acontecimientos y rimar canción con corazón para siempre, es un peligro. Este es el origen de la poesía, la palabra y el lenguaje, con esta complejidad tiene que trabajar un escritor, no sólo un poeta. En la narrativa, ocurre lo mismo, las palabras suenan de determinada manera, aunque uno no las persiga porque las está leyendo. La complejidad de la poesía contemporánea es difícil de pasar en una cancha de fútbol. La cultura del espectáculo corre sus riesgos. Como decía un jujeño: mejor es lo que sucede y es algo que llegó para quedarse, la cultura del espectáculo está en todo, también en la poesía. La oralidad tendrá que producir sus consecuencias.

Si querés ver o escuchar la entrevista completa que le realizaron Hernán y Mario Dobry al poeta Santiago Sylvester en su programa “Letras y corcheas”, que se emite por Eco Medios AM 1220 los jueves a las 22, hacé clic en los banners.

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