Hernán Dobry

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16 agosto, 2019

“Soy como una surfista de la vida”

“Nunca pude reconciliarme con mi madre porque ella fue la que me traicionó dos veces, una cuando estuvo con mi marido”, afirma la filósofa Esther Díaz en el programa “Voces y memorias por Eco Medios AM 1220.
Su infancia estuvo signada por la negativa de sus padres a que cursara el secundario y siguiera una carrera universitaria, como lo deseaba. Pero, a su vez, quedó marcada por la falsa acusación de haberle clavado accidentalmente un cuchillo a su hermana (había sido su papá) y por la infidelidad de su mamá con su esposo. Esa son dos heridas que nunca pudo cerrar.
“Mi madre tiene 102 años y, por supuesto, la mantengo porque siento que es mi obligación como hija porque ella me trajo al mundo. Se supone que ella estaba para cuidarme y fue la que me traicionó. Estoy viva, mi mamá, también, se puede cambiar de idea, pero en este momento no. Lo que me hiciste fue muy jodido, loca”, destaca.
Una vez que pudo librarse de las ataduras y divorciarse de su esposo, viajó a Buenos Aires donde cursó el secundario, la carrera de filosofía y, luego, el doctorado y se convirtió en una de las referentes de la materia en el país y América Latina. Sin embargo, su familia jamás se lo reconoció.
“Mi papá no registró nunca lo importante que era para mí. No sé si soy importante como filósofa, pero sé que es importante para mí. Los momentos felices de mi vida siempre tienen que ver con la filosofía. A mi mamá, cuando le hablaba de mis primeros logros como que me publiquen un libro acá o en el extranjero no lo terminaba de entender – recuerda -. La primera pregunta que me hacían ellos, como pequeños comerciantes, era si me pagaban. Hay muchas cosas que uno no las hace porque te paguen, entonces decían: “Tan importante no debe ser, porque no apareciste en televisión”. Cuando empecé a aparecer me decían: “Pero llevaste las respuestas preparadas”. No se dieron cuenta, no es que sean ignorantes, pero no les interesaba directamente. Eso fue muy doloroso durante mi vida”.
A la par de que cursaba el secundario y la universidad, Díaz, trabajaba como peluquera y criaba a sus dos hijos pequeños, ya que su marido se desentendió de ellos y, luego, murió. Su familia, nunca le dio una mano y se mantuvo distante en su Ituzaingó natal.
“Todo lo que hice fue sin becas porque empecé de grande. Sé perfectamente el costo de las becas, las relaciones, las cosas que hay que hacer. A nadie le cae una por su mérito, no estoy diciendo que los que tengan no sea por sus méritos, sino que si vos y yo tenemos los mismos méritos y vos tenés relaciones, el que la consigue es el que las tiene – concluye -. Entré de grande y tenía amigos en el CONICET trabajando en puestos de poder y sabía cómo se repartían las becas y subsidios. Tanto en mi carrera como después en mi formación, nunca dependí de nadie y ahora que llegué al tope de lo que se puede hacer en la vida académica y estoy feliz por eso. En su momento, sufrí, pero estoy orgullosa de eso”.
Pese a los momentos duros que debió afrontar en su vida personal y a haber tenido un intento de suicidio y pasar un año consumiendo drogas pesadas, siempre siguió adelante y logró levantarse, aunque con un costo muy alto: una relación traumática con sus dos hijos.
“De dónde saqué fuerzas, es otro misterio que, por suerte, todavía no descubrí. Lo que le pido a la vida es que no sea demasiado larga y ya lo está siendo. Tengo mi mamá de 102 años y no es bueno vivir tantos años porque el cuerpo no te responde. Y si es como ella que la cabeza te funciona, es peor porque te das cuenta de todo – concluye -. De las fiestas, me voy en lo mejor, lo mismo que de las parejas. Cuando empieza a declinar, no pongo energía porque ya sé que es una recomposición y nunca va a ser como fue el principio. Hay gente a la que le gusta el compañerismo, el familiarismo, a mí me gusta la cresta de la ola. Con la edad que tengo, creo que la cresta se estará viniendo abajo, todavía no lo siento porque tengo ganas de hacer mil cosas, pero de esta fiesta y bajón que es la vida ya quisiera irme, no porque esté deprimida sino porque digo: ya pasaron cosas tan lindas, ¿qué más lindo me va a pasar? Soy como una surfista de la vida, pero la surfista tiene que bancarse la bajada”.
Esther Díaz estudió en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, donde también se doctoró. Fue profesora del Ciclo Básico Común (CBC) en la UBA entre 1985 y 2005, dictó seminarios de posgrado sobre Metodología de la Ciencia y Epistemología de las universidades nacionales de Entre Ríos, Tucumán y del Nordeste y realizó numerosas conferencias en diferentes casas de estudio en Latinoamérica.
Entre 1998 y 2014, dirigió la Maestría de Metodología de Investigación Científica en la Universidad Nacional de Lanús. Sus obras “Estudios y ensayos sobre los discursos” y “Prácticas sexuales contemporáneas” fueron parte de la currícula.
En 2018, actuó en la película “Esther nómada”, que cuenta su propia vida. Tiene 36 libros publicados y entre ellos, se destacan: “Críticas al falsacionismo”, “Una historia de la verdad”, “El conocimiento científico”, “Para seguir pensando”, “Hace una visión de la crítica de la ciencia”, “Ideas “robadas”, “La sexualidad y el poder”, “La filosofía de Michel Foucault”, “Buenos Aires una mirada filosófica” y el más reciente, “Filósofa punk”, su propia biografía.
Para revivir la entrevista que le realizó Hernán Dobry a la filósofa Esther Díaz en su programa “Voces y memorias”, que se emite por Eco Medios AM 1220, los martes a las 20, hacer clic en el banner.

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