Hernán Dobry

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29 marzo, 2021

“Soy más un autor de novelas románticas que de policiales”

Lo que hace especial al lector de cuentos es la espera de un final rotundo, el placer de lo acabado y comprendido. Algo parecido ocurre en las novelas policiales, en las que la búsqueda y el encuentro con el ocasionado del drama origina el éxtasis del placer de lo determinado.
Si en algo se parecen ambos géneros, es en la búsqueda infructuosa de las causas, esas que la maestría del escritor intenta manejar, con la soltura de quien atrapa y cautiva a su lector. El cuento es en estos casos parecidos a la demostración de una hipótesis que desea infructuosamente convertirse en tesis, es decir un teorema literario.
Pero también hay algunos con finales abiertos, como en esas canciones que no poseen final y que van al muere en forma progresivamente descendente, basan su secreto en la intensidad del mensaje.
En ellos, el lector resuelve la anécdota exhibida en lo escrito en la modificación emotiva de su propia experiencia de vida. Sergio Olguín es un escritor que, a través de sus novelas y cuentos, ejerce el difícil arte de subyugar, con maestría única a sus ocasionales lectores.

Mario Dobry (MD): Como escritor de novelas y cuentos ¿cuál es el desafío que te planteás al redactarlos?
Sergió Olguín (SO): En principio, aunque parezca un poco obvio, tiene que ver con el tiempo que lleva: una novela implica un proyecto de trabajo de muchos meses, a veces años, y un cuento, en general, tiene una vida más corta de escritura, más allá de que muchas veces hay cuentos que se resisten a ser escritos y uno vuelve y tarda mucho tiempo en poder resolverlos. Lo cierto es que el tiempo real de escritura en un cuento es mucho menor. Probablemente, lo que me interesa más a la hora de escribir un cuento es la situación que se genera, cómo se va a resolver un determinado episodio, cómo va a culminar. En la novela, eso no me interesa tanto, lo que más me preocupa y lo que más me ocupa el tiempo de escritura es el desarrollo de los personajes, tratar de darle vida a aquellos que van a protagonizar la historia y qué sostienen toda la novela de alguna manera y que, muchas veces, lleva a que haya situaciones, episodios que en un cuento estaría absolutamente de más, que está puesto nada más que para sostener lo que es el personaje.

Hernán Dobry (HD): ¿En qué momento decís esto va a quedar circunscripto a un cuento o a una novela?
SO: En general, me gusta más pensar en términos de novela. Cuando aparece algún episodio, trato de ver qué posibilidades tiene esa historia para ser desarrollada como una novela. Hay veces que está tan limitado por su propia historia que me lleva a pensar que es sólo un cuento, pero también me confundo. De hecho, “La fragilidad de los cuerpos” nace como un cuento que me pidieron para una antología de relatos de trenes en 2003 y la sensación que me quedó es que había una historia y que no la estaba contando y que tenía que hacerlo. Pasado muchos años y muchos libros el medio (“El equipo de los sueños”, “Springfield”, “Oscura monótona sangre”) hasta llegar a retomarlo y hacerlo novela.

HD: Y terminó dando para una saga, mucho más largo que una novela sola.
SO: Es increíble que de un cuento pase a una novela y una novela después se desarrolle en varias novelas.

MD: En esa novela, tú fetiche es Veronica Rosenthal y el enamoramiento que sufre ahí y esa intensidad tanto en lo sexual, como en ocasiones profesionales, concluye con la muerte de él. Lo mismo ocurre en “Una casa frente al mar”, donde también ese apasionamiento que va sucediendo paulatinamente y al final el protagonista se muere. En ambos ellas se quedan solas de hombre. Hay cosas muy paralelas entre los dos textos que te hacen volver sobre la temática. ¿Es así?
SO: A veces pase eso, las obsesiones están ahí y uno no se da cuenta. Van apareciendo y desarrollándose a lo largo de la obra. Me causó gracia una vez que le había dicho a alguien: “estoy haciendo un libro muy distinto”. Lo leyó y empezó a enumerar las cosas que tenían en común con los anteriores. En cuanto a esas muertes, tiene que ver con que las dos son parte de una gran pasión. El título de una de mis novelas es “No hay amores felices”, la idea de que el tiempo termina por corromperlo todo. La única manera de mantener esa pasión es cuando algo se termina y, en los dos casos, de manera trágica, solo que en uno está más vinculado con el género policial, porque tiene que ver con un crimen. En el caso del cuento, hay un género distinto, ahí está funcionando una historia al estilo de Alice Munro, Raymond Carver. Es una de esas historias que, por momentos, parecen muy pequeñas, pero que encierran una gran pasión, un gran amor, que es lo que yo quería contar, de dos personas que se encuentran y que no les pasa mucho más que quererse.

HD: Recién hablabas de que, en tus libros y cuentos, se repiten una y otra vez tus obsesiones, ¿Cuáles son?
SO: En general, una de las que se repiten es que el héroe o la heroína, en el caso de las novelas de Verónica Rosenthal, nunca puede resolver los problemas solos. Ellos tienen siempre gente que los ayuda. Un tipo o una mujer que se enfrenta ante una situación conflictiva y necesita ya sea de los amigos o de alguien que se acerca para resolver esas historias policiales. Nunca lo hacen de a uno, no lo es el héroe solitario. No me había dado cuenta de que esa cosa casi solidaria que tienen los personajes, tratando de ayudar a los protagonistas atraviesa desde mis novelas de adultos hasta para adolescentes. Me parece que esa es una de mis obsesiones. La otra es la idea del amor como una cosa más vinculada a lo pasional, a cierta mirada romántica si se quiere. Siempre digo que soy más un autor de novelas románticas que de policiales. El policial es una excusa para desarrollar una historia de amor, hay un poco de verdad en eso.

MD: En tus cuentos y novelas, los fracasos más grandes que hay en las cosas son del hombre, que es quien abandona, quien nunca llega al amor o el amor se le muere. Se ve esa obsesión del “padre” reiteradamente. ¿Qué cosa buscas a través de eso?
SO: Los personajes masculinos son bastante frágiles. Siempre me molestó mucho la literatura de ciertos autores que a mí me gustan mucho, por ejemplo Juan Carlos Onetti, pero que está tan cargado de una mirada tan cerrada, tan machista, tan unidireccional con respecto al papel del varón en las historias que un poco quiero alejarme de ese tipo de literatura. Me gusta la idea del tipo y de la mujer que son frágiles y no saben cómo resolver las cosas y si las resuelven es a partir de las dudas y no de la certeza. Me gusta esa idea de un varón que tiene más que ver también con nuestros tiempos, con las nuevas épocas donde ya no ocupamos por suerte ese lugar de macho proveedor de todo y que resuelve todas las cosas. Ese tipo de literatura, que me gusta también en otros autores de los años ‘60, me resulta chocante a la hora de desarrollar un personaje masculino.

Si querés ver o escuchar la entrevista completa que le realizaron Hernán y Mario Dobry al escritor Sergio Olguín en su programa “Letras y corcheas”, que se emite por Eco Medios AM 1220 los jueves a las 22, hacé clic en los banners.

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