Hernán Dobry

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1 abril, 2022

“Soy una persona casi obsesionada con las distintas versiones de una misma realidad”

Crear un mundo y ponerlo en la voz de un puñado de personajes es una tarea por demás compleja, pero si a eso se le suma el hecho de que esa historia sea personal y que, además, duela, torna ese trabajo aún más complejo.
La actriz Laura Oliva ha logrado superar ese objetivo con creces y lo ha dejado plasmado en su debut como dramaturga con la obra “El recurso de Amparo”, en la que narra los vínculos traumáticos que tuvo con su madre a lo largo de su infancia.

Hernán Dobry (HD): ¿Cómo fue el proceso de escribir una obra tan personal y tener que pensar, después, en otra actriz que la protagonizara?
Laura Oliva (LO):
En realidad, escribí la obra en el taller de Javier Daulte, en el cuál estuve un par de años y, luego, inicié la carrera esta que recién nombrabas. La carrera no es solamente dramaturgia, es también novela, relato. No es que sea fácil, pero hay una mayor soltura, entendimiento y facilidad para escribir desde el formato de lo que más conozco, que es la voz de alguien. Cuando escribo, también imagino en mi cabeza, o sea, genero automáticamente ese diálogo que, después, se va a dar en el escenario. Entonces, ahora, haciendo la carrera, me confronto con otro tipo de escritura y me doy cuenta de la dificultad que para mí tiene el relato novelado y la “facilidad”, no por hacerlo bien o mal, de mi parte para entrar en el mundo del diálogo de personajes. Eso viene de mi lado de actriz. Son muchos años de haberme apropiado de materiales que me llegaban de otros dramaturgos y ponerle el cuerpo, la voz y el pensamiento a un personaje que interactuaba con otros. Al estar del otro lado, sigo poniendo en práctica la misma técnica. Me voy sentando en las distintas sillas de los personajes. Eso sí, hubo que afilar el lápiz para ser muy estricta y al escribir darle voz a cada uno de esos personajes. Cuando uno actúa, está ocupado solamente del suyo y cuando escribís tenés que ponerte en los zapatos de todos, salir de uno mismo que es lo más difícil, inclusive darle entidad y discurso a los que no te son simpáticos, que uno no les hubiera dado voz. Siempre cuento que, entre comillas, Javier me obligó a darle voz a Amparo, que no hablaba en toda la obra. Yo decía: ¿qué actriz va a querer hacer este personaje que está sentada y no habla? Por eso, es tan importante la mirada del afuera de alguien que, más allá de mí, vea la totalidad de la obra y diga: “No, la gente la quiere escuchar”, y me doy cuenta lo acertado que fue. Cuando Amparo habla, la gente está ávida de escucharla.

HD: Esta es una obra muy personal, que tiene que ver con tu vida y tu familia. ¿Qué sentías al momento de escribirla?
LO:
Es una idea que tengo hace varios años. El disparador es una frase mi mamá. Este juicio, la forma en la que se va a llevar a cabo la obra. Lo último que me viene es el título. Cuando lo escribí y me viene lo de cambiar los nombres, me di cuenta de que el de Amparo no lo podía cambiar, porque el título de la obra era ese desde el principio. Siempre me preguntan si fue sanador escribir la obra. No fue tan sanador. Lo sanador fue por otro lado, por mis años de terapia. Lo que si fue es muy iluminador. Me vi en la obligación de darles discurso, entidad, palabras, argumentos a todos los otros personajes que no opinaban como yo. De pronto, me escuché charlando con gente con la que nunca hablé y con voces de otras personas que nunca escuché. Darles voz me hizo reflexionar acerca de las otras posturas dentro de este juicio. Soy una persona casi obsesionada con las distintas versiones de una misma realidad. Es un tema que me obsesiona desde siempre. Y más allá de lo que hable “El recurso de Amparo” y si es o no una anécdota personal, de lo que quiero que hable de verdad, porque siempre hay como una línea A y una B, es de que la A es la historia y la B es de lo que quiero hablar en esa historia. ¿De qué hablo cuando hablo del vínculo que tuve con mi madre cuando era chica? Lo que estoy diciendo en “El recurso de Amparo” es de varias cosas. Una de ellas es la sorpresa que uno encuentra en los distintos relatos al cotejar una historia con varias personas que la vivieron, a mí eso me fascina. Por varios motivos, suelo quedar en el lugar intermedio y soy la componedora. He escuchado maravillosos relatos acerca de un mismo hecho de personas distintas, como si hablaran de cosas distintas. Eso siempre me maravilló. Esa es una de las tantas cosas que me interesa hablar en “El recurso de Amparo”.

HD: ¿Qué sentiste cuando terminaste?
LO:
Nunca pensé que la iba a llevar al escenario, por eso también tiene tantos personajes. La escribí impunemente. Cuando terminé de escribirla, estaba muy entusiasmada con la segunda que iba a escribir en el taller. Después, empezó a tomar forma y a ser posible que esto terminara arriba del escenario, que es el último destino, como dice Javier. La obra de un dramaturgo termina cuando está arriba del escenario, no cuando le pone el punto final. Cuando le puse el punto no la sentí terminada, eso lo siento ahora. También, cuando escucho a actores apropiándose de mis palabras, al revés de lo que siempre vivo, y reflexionando acerca de lo que está escrito y dándole su propia impronta. El dramaturgo tiene un paso más que el novelista, ya que el novelista no se entera de lo que la gente opina cuando termina de leer su libro, ni nadie “hace de”. Acá, hay un paso más y eso fue un momento muy hermoso.

Para revivir la entrevista que le realizó Hernán Dobry a la actriz y dramaturga Laura Oliva en su programa “Voces y memorias”, que se emite por Eco Medios AM 1220 los martes a las 20, haga clic en los banners.

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