Hernán Dobry

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10 mayo, 2020

“Un grupo de personas que elige tomar las armas no hace la revolución en ningún lugar del mundo”

“Cuando se anunció la caída de [Juan Domingo] Perón en 1955, sentí que se me venía el mundo abajo. Me pregunté: ¿la humanidad adónde va ahora?”, afirma el fundador del Partido Obrero (PO), José Saúl Wermus, conocido popularmente como Jorge Altamira, en el programa “Voces y memorias” por Eco Medios AM 1220.
Es que, en su infancia y adolescencia, el líder de izquierda fue un ferviente seguidor del peronismo, que solía discutir con las madres de sus amigos del barrio y con sus maestros y profesores del colegio que criticaban a los primeros dos gobiernos justicialistas.
“De cuarto grado en adelante, tuve maestros que me hostilizaba por cómo me orientaba políticamente. Cada vez que podían me chicaneaban y tenía polémicas con ellos – recuerda -. En el Hipólito Vieytes, estudié en la misma división con Felipe Vallese. Éramos los dos los politizados. Nos distinguíamos de los demás por nuestras ideas y conductas”.
La política la mamó de chico en su propia casa donde solían hacerse reuniones en las que se hablaba de política y su padre, peronista, recibía los ataques de sus amigos y familiares por sus ideas.
“Les prestaba mucha atención a las discusiones sobe [Winston] Churchill, [Franklin] Roosevelt, Perón, [Spruille] Braden que habían en las reuniones familiares y me asumía como defensor de mi padre, a quien atacaban. Cuando lo hacían, yo me involucraba. Eso fue importante para hacerlo después en política – explica -. Ningún chico estuvo tan politizado como yo a una edad absurda, ya desde la primaria. También, tenía controversias políticas en mi propio hogar porque mi padre era simpatizante del peronismo, hacia la izquierda, y mi madre peronista pero anticomunista”.
Eso lo llevó a acercarse al movimiento justicialista, aunque nunca fue un militante afiliado al partido, al igual que ocurrió con su papá y su tío. Su padre nunca lo incitó a que lo hiciera, tan sólo le pedía que “terminara la primaria, la secundaria, todo lo que él no pudo hacer porque era un obrero”.
“Tuve dos padres militantes: uno que trabajaba ocho horas y, después, en otros lugares y una madre que, en las condiciones más difíciles, crio cuatro chicos. Mi tío escondió a [el ministro de Economía Alfredo] Gómez Morales después del golpe de 1955. A mí, el peronismo me interesaba por los trabajadores, no por Perón. Era más crítico del gobierno que mi padre”, resalta.
Sin embargo, el final de la administración justicialista cambiaría su vida para siempre y sería el puntapié para su gran giro ideológico que lo llevaría, años más tarde, hacia la izquierda, de la que nunca más se alejaría.
“A los 13 años, noté que el discurso del 5×1 era el anuncio del sepulcro. Cuando lo oí desbordándose dije: cagamos. Con el gobierno militar en el poder, me puse un pin de Evita y fui al colegio. Me echaron – detalla -. La caída de Perón me marcó la vida. Algunos adultos se acercaron para consolarme. En mi imaginario, ese día nació el Partido Obrero porque dije: si los trabajadores no tienen su propio partido y se referencian en otro que no es de ellos, no va”.
Desde el comienzo de su militancia en la izquierda, siempre mantuvo una visión particular, que lo llevo a enfrentarse con las diferentes corrientes que fueron surgiendo desde mediados de los 50 hasta la actualidad, al punto de que fue expulsado del PO, que él mismo había fundado en 2019.
“Fui a una charla en la Casa del Pueblo en 1956 y me enfrenté con todo el Partido Comunista porque repudié la represión soviética de la revolución húngara – afirma -. Tuve una persecución dentro de la izquierda debido a una cultura estalinista, que es una deformación de características supremas en la concepción marxista”.
Esta diferenciación la marcó, especialmente, a partir de la década del sesenta cuando surgieron en la Argentina los diferentes grupos guerrilleros, la mayoría de ellos vinculados con la izquierda. Prefirió hacerse a un lado.
“Nunca fui extremista, ni lo soy. Me gusta la decisión expresada en términos moderados. Corté de cuajo con la lucha armada porque entendí que un grupo de personas que elige tomar las armas no hace la revolución en ningún lugar del mundo. Como consecuencia de esa ruptura, nació un grupo que se llamó Política Obrera, que es donde se originó el Partido Obrero”.
Ese involucramiento preocupó a su familia, que temía que pudiera ocurrirle algo por su militancia comunista, especialmente durante las diferentes dictaduras militares que gobernaron el país desde mediados de la década del 50.
“A mi mamá, le preocupaba mi seguridad por mi militancia en la izquierda, por la persecución. Ella me dijo: ‘Voy a creer que sos socialista el día que te hagas la cama. Eso no te lo dice una anticomunista, sino una auténtica comunista – concluye -. Su anticomunismo era el de una parte de las masas, con las que yo coincido. Siempre me repetía: ‘El comunismo es peor que el capitalismo, porque te explota un burócrata’ ¿De dónde sacó esa sabiduría?”.
Para revivir la entrevista que le realizó Hernán Dobry al fundador del Partido Obrero, Jorge Altamira, en su programa “Voces y memorias”, que se emite por Eco Medios AM 1220 los martes a las 20, hacer clic en los banners.


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