Hernán Dobry

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16 noviembre, 2020

“Uno tiene que dejarse transformar por la música y transformar al otro”

El folclore argentino ha dado grandes intérpretes, pero pocos con la versatilidad con la que cuenta Belén Mackinlay. A la hora de abordar grandes clásicos, hace uso no sólo de la potencia y calidez de su voz, sino también de todas las herramientas que ha adquirido a lo largo de los años en los que fue protagonista del teatro musical.
En una entrevista exclusiva con el programa “Letras y corcheas”, que se emite por Eco Medios AM 1220 los jueves a las 22, la cantante cuenta cómo fue el proceso de creación de su último álbum “Encuentro sur”.

Hernán Dobry (HD): ¿De dónde sale ese gusto, ese amor por el folclore?
Belén Mackinlay (BM): Mi mamá es mendocina, así que yo crecí con esta música. Cuando ellos vinieron a vivir a Buenos Aires, trajeron esta costumbre tan de provincia que es acompañar todas las reuniones con música. Mi abuela cocinaba esas comidas típicas y, después de comer, nos reuníamos alrededor del sillón ahí en el living y mi mamá y mi tío tocaban la guitarra folclore y canciones latinoamericanas. Los años pasaban y las canciones eran las mismas, no había un cambio de repertorio, así que eran las mismas que me acompañaron durante toda mi vida. Cuando empecé a cantar quise despegarme. Cuando una es adolescente, parece que lo que hace tu mamá y tu familia eso no, querés hacer otra cosa. Así que me dediqué a los musicales, pero fue un género que siempre tuve cerca. Cuando estaba embarazada de mi hija Antonia, que ahora tiene 12, me vino esa cosa como de volver a la raíz, a esa música con la que había crecido, pero incorporándole lo que había cosechado durante todos los otros años haciendo otros géneros; viviendo en Buenos Aires y no en contacto con el interior. Ahí fue que empezó a surgir este repertorio. Muchas de esas canciones eran las que cantaba mi mamá, pero con una mirada mucho más urbana: que tenía que ver con estar con mi mirada.

Mario Dobry (MD): Ustedes recalaron en Ayacucho, ¿viviste allí muchos años?
BM: Si, de hecho ahora estoy en Ayacucho, porque mi papá es de acá y durante mi infancia íbamos y veníamos. Hice la escuela en Buenos Aires, pero para vacaciones y esas cosas veníamos acá. Así que acá está mi casa de la infancia, cuando yo canto “el patio de la de la casa vieja de Ramón Navarro”, para mí es esta casa, en la que crecí. Cuando canto las baldosas del patio, para mí es este patio.

MD: ¿Tu casa está cerca del río?
BM: No, está en el pueblo. Es una casa que está antes de que fundaran Ayacucho. Es colonial, viejísima, del 1800. Es hermosa. Estamos pasando acá la cuarentena, en contacto con la naturaleza. Es una vivencia súper linda.

HD: Recién contabas que tus comienzos eran los musicales ¿qué diferencia hay como cantante entre tener que prepararte para un musical, donde está guionado todo lo que tenés que hacer y pararte, y el tener la libertad de elegir tu repertorio y cantarlo con el estilo y los músicos que querés?
BM: Es distinto y, a la vez hay un montón de cosas en las que las que coinciden. Me enriquecí muchísimo trabajando en musicales y aprendí de lo que es el trabajo en equipo, donde cada cual aporta lo que lo que mejor sabe hacer para que el producto crezca exponencialmente. En un musical hoy te toca un rol protagónico y mañana, por ahí, no. No tiene que ver con que seas mejor o peor, es si sos para un rol o para otro. Por ahí, te toca el protagónico o ensamble y todos son fundamentales para que esa obra funcione. En la música, es exactamente igual. Entonces también, lo que es el trabajo en equipo cuando uno crea un disco o hace un concierto, es darle el espacio a cada músico para que cree, para que aporte lo mejor que pueda, para que el producto sea increíble y un momento único de comunicación entre los artistas. No hay mezquindades, es una cosa generosa, de intercambio y comunidad. En el teatro se vive eso. Crecí trabajando así, es lo que también traslado cada vez que tengo un concierto o grabo un disco. Crear equipos de trabajo es maravilloso. Obviamente, cuando uno está haciendo un rol tiene que ceñirse a directivas que no son las que uno pone, pero cada personaje pasa por tu cuerpo, emoción y personalidad y uno le pone su propia impronta. Eso, también, es lo que pasa con las con las canciones. Lo que alguien me dice “no tenés miedo a encarar por ahí canciones que se han cantado tanto como “Alfonsina y el mar” o “Zamba de mi esperanza”. No, porque es como interpretar un rol en el teatro, que podés hacer lo mismo todas las noches y todas las noches no es lo mismo, porque es el mismo texto, pero no es lo mismo, porque la obra pasa por tu cuerpo, te transforma a vos y transforma al otro. No es lo mismo, es el mismo texto, pero lo que sucede es distinto y “Alfonsina y el mar” o “Zamba de mi esperanza” cantada por mí, ese día, en ese momento no es igual a cantado por otra persona, en otro lugar, con otra impronta o mirada. Es distinto. Uno tiene que dejarse transformar y transformar al otro.

Si querés ver o escuchar la entrevista completa que le realizaron Hernán y Mario Dobry a la cantante Belén Mackinlay en su programa “Letras y corcheas”, que se emite por Eco Medios AM 1220 los jueves a las 22, hacé clic en los banners.

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