La exposición “Chagall: Un grito de libertad”, que ha montado la Fundación Mapfre en Madrid, está cargada de todo un simbolismo: no sólo por las 160 obras que la componen sino también por el significado que implica su presencia en España en medio de la guerra en Gaza, que ha desatado en algunos sectores de la sociedad española una ola de anti judía desde el 7 de octubre del año pasado.
Lo curioso es que las agrupaciones de la izquierda española y pro-palestinas hayan pasado de ella y no se hayan manifestado en su contra, tratándose (Marc Chagall) de un artista francés y de origen judío tan identificado con Israel, como sí lo han hecho cuando atacaron sinagogas en las ciudades de Barcelona, Madrid y Melilla.
Este clima de tensión, favorecido por las políticas anti israelíes del presidente del Gobierno Pedro Sánchez y de sus aliados de ultra izquierda tras la masacre perpetrada por los terroristas de Hamás el 7 de octubre, lleva a preguntarse si esta exposición se hubiera realizado si los organizadores hubieran tenido que tomar la decisión de montarla en los últimos meses y no con la anticipación que suelen hacerse estos eventos.
Por eso, luce meritoria la valentía que tenido la Fundación Mapfre de haberla llevado a cabo a pesar de la hostilidad que algunos grupos políticos sostienen en España contra todo lo que tenga que ver con judaísmo e Israel.
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